jueves, 15 de octubre de 2009

Back to China (4)

El rio Yulong (1)

Nos levantamos temprano y un poco de ruta nos lleva hacia el embarcadero en el rio Yulong. Me tiemblan las manos un poco cuando cojo la cámara, porque hoy remontaremos el rio hasta Yangshuo atravesando gargantas y meandros entre esas colinas que tan bien han sabido plasmar los pintores chinos con dos pinceladas de aguada y tinta china. Creo que van pasando por mi cabeza todas las imágenes que recuerdo y más que me invento y en todas voy buscando el encuadre, como aprovechar la niebla que se levanta y que dibuja apenas el perfil de las cimas de sus montes, y los árboles recortándose a contraluz, colgando como suicidas en paredes verticales imposibles.

Nada más lejos de la realidad. Desde buena mañana, el sol cae a plomo fundido sobre el paisaje, que goza de una nitidez envidiable. Por si esto es poco, me he olvidado de que esto es verano y es China: No menos de una docena de barcos esperan en el embarcadero, llenándose hasta la sirena de autóctonos con ganas de vacaciones, fotografiando lo fotografiable y lo que no lo es y hablando a gritos, entre ellos y al móvil. Por si fuera poco, el espíritu gregario de los locales acaba con las pocas ilusiones que me quedaban. Dado que el rio va describiendo curvas bastante cerradas, a poco que los barcos salgan mínimamente espaciados encontraré momentos en los que el rio no tendrá a la vista más barco que el nuestro, y bueno, con algún degradado y Photoshop igual salvamos alguna toma. Pero no. Los barcos parten uno tras otro, tan cerca que de vez en cuando los vociferantes turistas locales de mi barco pueden hablar con los vociferantes turistas de otro barco. Así que juro en arameo, guardo la cámara en la bolsa y otra vez será.


(foto de Pili) La larga marcha, por delante y por detrás.

Por el camino se acercan en balsas de bambú y se juegan la piel en ello algunos lugareños a intentar vendernos artesanía turistera. Búfalos tallados en madera y una especie de coles talladas en jade, que ya tiene guasa la cosa, como si no hubiese otros motivos para esculpir.

Mediada la tarde llegamos a destino. Yangsuo. No puede ser... ¿quien me está haciendo esto??? ¿donde está la China rural que yo quería ver? En el muelle un frenesí de chinos ofreciendo de todo, que si una foto con mis cormoranes, que si abanicos, abalorios... sólo faltan los sombreros mejicanos! Una vez sorteada la avanzadilla, en la retaguardia hay una larguísima hilera de puestos para vender artesanía, recuerdos, imitaciones... si me quito las gafas para desenfocar un poco, podríamos estar en el paseo marítimo de cualquier ciudad turística de la costa mediterránea en plena temporada.

Al final, reprimiendo las ganas de salir corriendo, llegamos a una placita tranquila donde está nuestro hotel. Un hotel lejos del esquema hotelero, una casa convertida con muy pocas habitaciones que vamos a disfrutar para nosotros solos. Pongo un pie dentro... ¿estoy en China??? Música latina, las paredes pintadas como si fuese una selva amazónica, con loros y todo y un gran poster de Bob Marley presidiendo el Hall-bar-pub. Ahora estoy seguro, me han pillado para un programa de cámara oculta.

Descargados de equipajes y comidos (eso siempre suaviza el humor) una Tsingtao fresquita me enfría los ánimos y me confirma que sí, que estamos en China, y que una vez más me he dejado llevar por mis prejuicios. Estaba intentando ver mi China, y estoy viendo la China de los chinos. Es suya y además son muchos, así que tengo que hacer un esfuerzo de adaptación, abrir la mente más que los ojos y dejar fluir la información sin ponerle filtros preconcebidos.

La placita donde estamos es una isla de tranquilidad en el pueblo. A sólo una bocacalle, el comercio estalla como sabe hacerlo cuando hay afluencia masiva de turismo, y no hay local, bajos ni portería que no esté ocupado por restaurantes, alguna discoteca y tiendas de artesanía. Por las calles fluye un enorme volumen de turismo interior disfrutando de su recién estrenada clase media, comprando recuerdos, riendo mientras se fotografían miles de veces, comiendo. Apenas ves de vez en cuando algún occidental. Unos americanos, con la misma cara que les pone Forges a sus perdidos en el desierto, nos suplican por la dirección del McDonals... estos están mucho peor que nosotros! Ya me siento mejor. Apenas caminas unas cuantas calles, el pueblo va recobrando lo que tiene de pueblo, y vuelve a haber niños jugando por las calles, señoras sentadas en la calle haciendo labores domésticas y grupitos aquí y allá, a la sombra de árboles, hablando indolentes. Esto me dice que estamos en el centro del huracán y que bastará alejarse un poco para tocar un poco la China más cotidiana.


Las tres chicas del hotel, les debía este homenaje.... El feo de al lado sólo está ahí como escala.

Al dia siguiente, con los biorritmos estabilizados, creo que me he enamorado de las tres (chicas? niñas?, sigo siendo incapaz de poner edades) que atienden en el hotelito. Son como ratitas hacendosas moviéndose a saltitos de un lado para el otro constantemente. Que llegas sudando como un buey y te desmoronas en un banco. Enseguida hay una que pone en marcha un ventilador que tiene un artilugio que con un segundo ventilador vaporiza agua y hace bajar muy efectivamente la temperatura. Solo tienes que señalar para que aparezca en la mesa una cerveza de 600 cl. . Puedes bajar de la habitación a cualquier hora y allí están ellas preguntándote que quieres desayunar y puedes volver derrengado, ya de noche, y allí están ellas con la misma sonrisa de todas horas. Igual es que son muchas y se van turnando y no soy capaz de reconocerlas, pero me supera su alegría y su energía.

Realmente hay poco que hacer así que, a regañadientes del guía chino asignado, que sueña con conducir al rebaño obediente tras la banderita que enarbola como la Libertad en el cuadro de Delacroix, por doce euros gasolina incluida nos alquilamos una moto para todo el dia y un par nos largamos a buscar nuestro Mardi Grass oriental. Estábamos en lo cierto. A un acelerón ya no queda ni rastro del bullicio turístico y podemos disfrutar de una carretera bordeada de árboles y rodeada de campos de cultivo de arroz y pueblecitos y gente que se afana en lo diario. Un camino que parte de la carretera nos pierde por caminos agrícolas. Hay que ir con cierto cuidado, porque si nos perdemos vamos a tener problemas para conseguir que alguien nos explique como salir de allí. Pero la visión del paisaje compensa todos los temores y por fín la cámara funciona con regularidad. Por todas partes, el paisaje cárstico ha dejado su impronta y en muchas de las muchas colinas aisladas que pueblan el campo vemos agujeros y cuevas. En una de las colinas, formadas por erosión más tarde que las cavernas, una cueva cerca de la cima atraviesa la montaña de parte a parte, dejando ver a su través el cielo como un gigantesco ojo de aguja. Un poco más adelante, sin ninguna señalización que la haga singular, a pié de camino encontramos la entrada de una gigantesca cueva, de muchos metros de alto y de ancho, de la que fluye un riachuelo fresco y transparente. Es un buen sitio para echar pié a tierra, refrescarse y descansar, y comprobar que debería haber hecho caso a mi pareja y ponerme crema solar, pues parezco una turista sueca en Benidorm.


La cueva. Algo de estas dimensiones en Europa estaría señalizado, iluminado, tendría un centro de interpretación y una caseta de recuerdos. Aquí sólo suministraba agua al campo de arroz cercano.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Back to China (3)

Guilin

Gulin no es más que una estación en el recorrido. Sólo pararemos lo justo para cambiar el avión que nos ha traido desde Cantón, cenar, dormir y tomar el barco en el que remontaremos el rio Lijiang.

Cenamos demasiado abundantemente y caminamos informalmente por la pequeña ciudad de 2 millones de habitantes. Todas las pequeñas ciudades de China tienen 2 millones de habitantes. Pero el guía local tiene que hacer su trabajo y nos lleva al lago Shanshu, en el centro de la ciudad, famosísimo según él porque tiene dos pagodas. Y las tiene, en el medio del lago. Supongo que de día su aspecto puede ser evocador, pero de noche ese especial talento estético chino las ha convertido en unas horteradas llenas de luces, una de color azul y otra de color amarillo. En las carreteras españolas he visto wiskerías con mejor gusto. Hay un caminito que bordea el lago para pasear y por ahí vamos cuando se hace la hora de apagar las luces y las apagan, y nos quedamos como en boca de lobo. Menos mal que en los viajes quien más y quien menos lleva una linternita por lo que pueda pasar... Hay que convencer al guía de que a pesar de que en su itinerario está la visita de la pagoda, la han apagado, es de noche y no se ve un pijo. No se si lo entiende, pero salimos a la luz.

(foto de Pili)

A las tres de la madrugada, mi sensación durante la cena se confirma. Me muero de sed. Tengo la lengua como un felpudo. Como nos han advertido de que mejor no beber agua del grifo, miro en la neverita de la habitación y no hay nada bebestible. Me visto y farfullo a mi pareja que voy abajo, a recepción, a intentar conseguir agua.

No debe ser así, pero en recepción hay un par de niñas de unos 12 años. Me resulta muy difícil calcular la edad de las mujeres chinas. Mantienen un aspecto infantil hasta la menopausia, diría yo.
-Yijao- saludo. Ella sonrie atenta y yo le suelto en mi horroroso inglés la frase que he ido cociendo mientras bajaba:
-Can I have a bottle of water?
Ella sigue sonriendo y me mira con la misma cara que pone mi gato cuando le explico un chiste.
Repito la necesidad cambiando la frase. Tanto da, se lo digo en catalán y en castellano. Lo entiende igual. Ni idea de nada que no sea chino. Me veo amorrado al grifo y ya curaremos las diarreas cuando lleguen.

Bueno, soy hombre de recursos, le pido un papel y jugamos al Dicciopinta, yo ganaba siempre a eso. Dibujo un vaso, un grifo, un señor bebiendo y no se cuantas cosas más, y sólo recibo la atención y la sonrisa.

Sale del ascensor un chino panzudo y sin pararse me anuncia los servicios de final feliz de la 5ª planta - Massage, je, je, je-

-Si hombre, con la sed que da eso, pienso.

La recepcionista va a buscar a otra chica, vuelvo a repetir todo el proceso, y ahora obtengo...dos sonrisas. El vigilante que dormita sobre su mesa de recepción levanta ligeramente la cabeza y me mira con fastidio, pero enseguida vuelve a enterrar la cabeza entre los brazos y se vuelve con Morfeo, se llame como se llame el Morfeo chino.

Doy un vistazo desesperado a la habitación de donde ha aparecido la segunda chica y veo un ordenador. Me cuelo sin pedir permiso (tampoco me ivan a entender) busco la utilidad de traducción de un navegador, escribo de nuevo el mensaje en inglés y apreto la tecla de traducción al chino. Conforme aparecen los caracteres en la pantalla, veo que las sonrisas se hacen más amplias y hay un brillo en los ojos. Por fin!!! No les doy dos besos para que no me acusen de pedofília!! Salvado!!

Mi recepcionista sonriente me hace una señal para que la siga, salimos del hotel, caminamos un par de bocacalles y me lleva a una tiendecita donde unos cuantos chinos juegan a las cartas en el exterior aprovechando el fresco de la noche. En la nevera hay una buena cantidad de botellas de agua de litro y medio.

Tres cuartos de hora mas tarde apago la luz de la habitación, no sin antes dirigirle una mirada de amor a la botella de plástico recubierta de condensación que ocupa el centro de la mesita de noche.

martes, 8 de septiembre de 2009

Back to China (2)

Canton

Insistí personalmente en ir a Cantón. Cantón está a un tiro de piedra (bueno, a un ratito en un jet-foil) de Hong Kong y ver como se había mezclado una cultura tan mediterránea como la portuguesa con la china me parecía un experimento que pedía al menos unas horas. Ya, ya se que Portugal no tiene costas mediterráneas, pero el brazo del Mare Nostrum es muy largo.

Cantón o Macao, según que mapa uses, está dividida por una anchísima ria, cruzada por varios puentes. La parte norte corresponde al núcleo antiguo y nuestro hotel estaba en el lado equivocado. En el hall del hotel hay un atril con un libro de fotografías de Cantón de principios del siglo XX realizadas por un capitán portugués. Algún cliente con un extraño sentido del humor lo ha dejado abierto por la página dedicada a decapitaciones públicas. Mientras se reparten las llaves, hojeo las viejas fotografías de calles, personajes, trajes y me pregunto que queda de todo aquello.
Ya en el núcleo norte, nos recibe el casino. El casino es difícil de describir. Es una especie de gigantesca calabaza dorada llena abalorios y bombillas. Es un árbol de navidad reflejado en una de las bolas que cuelgan de él. Es nuestro primer contacto con los principios básicos del diseño moderno chino:

Principio 1.- A todo le cabe una bombilla más.

Principio 2.- Nada es suficientemente hortera.



Afortunadamente, basta caminar dos bocacalles para estar casi en el interior del libro del hall. Calles estrechas, rotuladas en portugués, con todo el regusto de una colonia de ultramar, empinándose hasta la antigua fortaleza que corona la colina, erizada de cañones y de turistas locales fotografiándose encima de cada piedra. En mi grupo predomina más mala leche, y como descubrimos que hay un cañón que apunta a través de su tronera directamente contra el casino, ordenaditos, todos hacemos la misma fotografía.

Nos desplazamos en autobús hasta un pequeño templo. Nada grandilocuente, un pequeño templo utilitario detrás de un muro en una calle absolutamente anónima. La refrigeración del autobús está tan alta que al salir de él se empañan todas las ópticas y espejos de mi equipo fotográfico. El pequeño templo tiene un rincón precioso, con una especie de armario plagado de pequeños cajones donde honran las cenizas de fieles que han decidido reposar allí por los restos. Unos rayos de luz que se cuelan por agujeros del techo iluminan aquí y allá los manojitos rojos de incienso esparcen volutas de humo azul. La fotografía es perfecta, pero allí estoy yo, como un cormorán secando las alas, en un pasillo al sol intentando que el calor de la mañana se lleve el vaho de mi equipo. Justo cuando todo el mundo ya está en el autobús de nuevo, desaparece la última mancha de humedad del objetivo y yo desaparezco dentro del templo a la búsqueda de esa foto, pero hay poca luz y mucho apremio. Aguanto la respiración, confío en el estabilizador, disparo y pierdo. La foto está movida.
Creo que ya estoy enfadado para el resto del dia, así que en cuanto estaciona el congelador me escapo a callejear y descubro un coqueto cementerio cristiano en medio de la ciudad. Un raro espacio abierto y silencioso entre los apilados edificios donde me quedo un rato fotografiando. Los ángeles de mármol tienen mucha paciencia posando mientras los rodeo buscando encuadres.



Nos sorprende que todas las ventanas y galerías están fuertemente cerradas por barrotes y nos cuentan que eso es para que los niños que se quedan solos en casa no tengan ningún accidente mientras los padres trabajan pero creo que no se lo cree nadie, y nos quedamos con las ganas de una explicación razonable. Los barrotes se explicarían en las plantas bajas o incluso en los primero y segundos pisos, que han perdido toda intimidad por mor de los pasos elevados que en muchas partes han construido para intentar librar a los peatones del tráfico, pero parecen de difícil justificación en un sexto o más arriba. Conducir en China debe ser una de las actividades más estressantes que se pueden realizar, solo reservada a autóctonos y suicidas.


A la vuelta, oscureciendo ya y cansados, no podemos evitar una mirada de recelo a la pista de aeropuerto sobre pilotes en el mar desde la que al dia siguiente saldremos hacia la China más interior. Por la noche, desde la ventana del hotel, a más de tres kilómetros de puente, el casino resplandece y cambia las luces y hace dibujos con ellas como un calamar contento.

martes, 25 de agosto de 2009

Back to China (1)

Cinco años después de haber visitado algunas ciudades de China he regresado este verano del 2009, aprovechando que por allí era posible ver el eclipse de Sol más largo del siglo. China produce intensas sensaciones y no se si seré capaz de ponerlas en papel, pero allí voy:

HK

Hong Kong. Una de las ciudades míticas en mi cerebro, un must. Situada en un clima subtropical, el verano no es la mejor época para el viajero viajero ni para el viajero fotógrafo. El primer contacto ya en el aeropuerto es poco menos que delirante. Ante la epidemia de gripe, controles y controles, cámaras de infrarrojos que buscan viajeros con más temperatura de la cuenta y todos los funcionarios con mascarilla y manteniendo las distancias. Enfermeros haciendo muestreos...y los aires acondicionados reventando de trabajo. Cuando la temperatura media debe rondar muy cerquita de los 40º con un altísimo grado de humedad, el aire que sale de todas las fuentes de frio no creo que pase de los 18º. Mi primer pensamiento es que estoy en el país del Sr. Monk.


En el poco tiempo que paso en HK, la ciudad me comunica una sensación muy desagradable, muy poco habitable. Aunque es cierto que es una gran ciudad y que lejos de la zona más central seguramente tiene otro ritmo, la gente que se mueve por las calles lo hace deprisa, ensimismada. Apenas abandonas el aeropuerto, te recibe una muralla de bloques de viviendas de 50 pisos de altura. En la zona donde nos alojamos es como si los rascacielos hubiesen sido edificados encima de las antiguas construcciones, de forma que no ocupan un espacio aislado en la calle y te rodean sin dejarte demasiado espacio para respirar. Muchas calles tienen un segundo nivel para los viandantes, porque la calzada está invadida por los coches. En la zona más céntrica, la de los grandes bancos y hoteles, ni siquiera existe la posibilidad de caminar. Sólo hay rascacielos, pequeños parterres y calzada para los miles de vehículos. Los aires acondicionados siguen a máquina forzada y pasar por delante de cualquier galería comercial o tienda de moda significa que con lo que sale por la puerta, tu temperatura corporal cae 20º instantáneamente.

Al otro lado de la bahía, en la zona de lujo, se alinean las tiendas de las grandes marcas. Mucho letrero luminoso y mucho coche caro. Si no fuese por el especial caos circulatorio y evidentemente por el aspecto asiático de todas las personas con las que nos cruzamos podríamos estar en cualquier zona vip de Paris o Milán. Los stores de marcas de lujo tienen portero a la puerta y mucha gente dentro. Sorprendente, tanto por el precio de las mercancías que venden como por la gélida temperatura que mantienen en el interior, y que nos continua golpeando a cada puerta. Las niñas pijas con sus mejores galas hacen cola en la disco de turno y me miran con un mohín de asco al verme pasar sudoroso cargado con la mochila camarera. Me pierdo con un par de amigos y cenamos en un restaurante al azar en el que es imposible ver el exterior porque todas las vidrieras están cubiertas de agua condensada debido a la diferencia de temperatura.


Nuestro hotel está en la zona roja. De noche se llena de neones anunciando dancing girls. Algunas chicas de aspecto muy joven se comen un bocadillo a la puerta de sus puticlús y al pié de cada puerta hay siempre un pequeño altar con ofrendas de fruta e incienso. A dios rogando y con el mazo dando. Decido antes de irme a la cama dar un vistazo a un local de estos y tomarme la enésima cerveza. Tras el barullo del dia, en ese semisótano con poca gente, chicas que te dan conversación sin agobiar y, oh! maravilla, aire acondicionado moderado, la cerveza es la mejor del día.

martes, 7 de julio de 2009

La vieja furgoneta

Ya he conseguido por fin reunir todos los papeles para matricular una vieja furgoneta que compré en Alemania. Ya se que lo viejo no está de moda, pero los de la era de Acuario crecimos soñando con nuestro Easy Rider particular. El proceso para llegar a tener una matrícula que aquí se ha complicado hasta dilatarse casi dos años de papeleo, inspecciones e informes, me costó en Alemania un par de horas de un sábado. Entre los papeles que me entregaron en el trámite en Alemania hay una libretita donde se registran los datos principales del vehiculo. Vas pasando hojas, y todas contienen la misma información, pero en idiomas diferentes. Alemán, francés, inglés, castellano, árabe, ruso...
Ese mismo proceso ha pasado aquí por momentos tan kafkianos para un pais integrado en la CEE como que la legislación española exija una traducción jurada de los documentos alemanes al castellano. "aquí no tenemos la obligación de saber alemán", me explicó el funcionario. Bien, la verdad es que el 99.99% de las especies animales que habitan este planeta no saben alemán, pero tampoco hacen alarde de su ignorancia.
Una de las desventajas de viajar es que no puedes sustraerte a la comparación. Eso no está mal cuando viajas al tercer mundo. Uno no se siente tan deprimido cuando está entre personas que viven peor que nosotros, somos asi de simples. Pero cuando el volante apunta hacia el Norte la cosa se torna y duelen los ojos. Condujimos la furgoneta desde Hamburgo hasta mi domicilio y pude revisitar ciudades tan deliciosas como Freiburg, con sus calles empredradas, sus frescos canalillos de agua cruzando las calles y las casas que parecen sacadas de un cuento medieval... Espera, espera. En Alemania tras los bombardeos aliados no quedó casi piedra sobre piedra. ¿se libraron estas ciudades de las bombas? Hace unos años, trabajando en Ausburg, me asaltó la misma pregunta. Ausburg está relativamente cerca de Munich y es una ciudad industrial, donde durante la guerra se fabicaban entre otras cosas los poderosos Panzer. No creo que la aviación discriminara demasiado en sus bombardeos y sin embargo, ahí están las callejas estrechas, los edificios de aspecto atemporal, la sensación de estar ahí "de toda la vida".


Una cariátide de Hamburgo parece que se protege de las bombas aliadas...

Me explicaron que no. Que la ciudad había resultado casi completamente destruida, y que recurriendo a fotografías y documentos antiguos habían reconstruido la ciudad tal y como estaba antes de la segunda guerra mundial. Y por lo que he ido viendo, este proceder fué el método común en toda Europa de restañar las heridas que causó la guerra. Sólo aquí y allá conservaron un edificio derruido, un monumento sin restaurar, una catedral manchada con el hollín de los incendios como recuerdo de aquellos infames dias.
Esto sería bonito de hacer aquí en España. Recuperar los pueblos y los paisajes perdidos, suturar las heridas que guerra y codicia han producido en nuestra geografía. Pero si un proceso que en Alemania me costó dos horas me ha costado dos años aquí, me temo que cuando llegue ese momento ya no tendré fuerzas suficientes como para sostener la cámara. Así que mientras edad y bolsillo me lo permitan, seguré asomándome al exterior.
Me voy de vacaciones...

jueves, 18 de junio de 2009

Divide y vencerás

Cuando colocamos el balance de blancos en automático, la cámara parte de la premisa de que la mezcla de todos los colores da un gris neutro. Ignoro de que estudio sale esto, pero debe tener algo de verdad: cuando vaciamos el filtro de la lavadora-secadora de todas las pelusas acumuladas de todas las telas de todos los colores que han pasado por allí siempre tienen un color gris característico. Quizás podríamos aplanar estas pelusas para utilizarlas como carta gris para leer la exposición :-D . El caso es que la cámara examina la imagen tomada, mezcla todos los colores que la componen y mide el color resultante respecto a ese gris neutro. Y esa desviación la extrae de la imagen original.
Este es un proceso que se aproxima bastante a como funciona nuestro ojo. Aunque cuando fotografiamos interiores con diapos normales (no hay equilibrio automático que valga) nos sale una dominante naranja insoportable, afortunadamente nuestro sistema de visión es más tolerante, y a pesar de que al entrar desde el exterior sí solos capaces de de notar el cambio de tonalidad, enseguida nos acostumbramos a la fuente de luz (sea incandescencia, fluorescente, leds...) y leemos los colores bastante correctamente siempre.

Llevo tiempo intentando encontrar un método con Photoshop que me permita hacer un balance de blancos aceptable. El problema es que intuyo que la operación matemática correcta para el reequilibrado de colores es la de dividir, y yo no he sabido encontrarla en el PS. La opción de Filtros de Fotografía quizás esté bien para pequeños toques, pero me resulta incontrolable. Lo que quiero es duplicar como trabaja la cámara fotográfica en modo balance automático. Luego ya puedo intervenir puntualmente, decidir que área es la que quiero que sea correcta y jugar tanto como me apetezca.
Rebuscando, he encontrado que el gratuito GIMP sí tiene la opción de Dividir en la aplicación de capas. Así que me he puesto a probarlo, y funciona!!!

El proceso es sencillo. Se carga la imagen original, se duplica la capa y se le pasa un filtro de promedio que hace justo eso, mezclar todos los colores en uno único que llena la imagen. GIMP no tiene directamente un filtro para promediar, pero hay un truquillo: en Filtros/Desenfoque/Pixelar podemos establecer el valor de pixelado más alto que nos permita el programa, y eso en la práctica es el filtro que busco.

Hago doble click sobre la pastilla de color frontal y se abre la ventana de selección de color. Ahí hay un cuentagotas para copiar color, y con eso recojo el color plano que he conseguido. Ahora lo que hay que hacer es quitar el componente de gris. Me explico: Digamos que los valores RGB de la muestra son 157,189,220.Un color se puede entender como la mezcla de un color puro y un cierto nivel de brillo. Si todos los valores están a 255 tenemos un blanco, y si ningún valor llega a 255 quiere decir que tenemos un color más un gris (los grises son los colores que tienen el mismo valor en los 3 componentes RGB). en nuestro caso, restamos el valor más alto de 255 (255-220=35), sumamos ese 35 al resto y podemos decir que 157,189,220 es igual que 192,224,255 más un gris de 35 valores.

Como para equilibrar color un gris hace más bien nada, precindimos de esos 35 y definimos el color de muestra con los valores 192,224,255.Si el dominante de color no es muy fuerte simplemente hay que llevar hasta el final el cursor que define la luminosidad y que está indicado con una V; pero el efecto de este cursor es porcentual y no lineal y si la diferencia es grande habrá que recurrir a la calculadora. Ya podemos cerrar la ventana de selección de color. Observaremos que el color frontal no es el negro por defecto sino el mismo color que tenemos en la capa que hemos pixelizado, pero más claro. Con el bote de pintura pinchamos en esa capa y le cambiamos el color por el que hemos obtenido antes...y colocamos esta capa en modo dividir. Y ya está. A veces el efecto es u poco demasiado evidente, porque tambien la cámara se equivoca y cuando hay demasiado de un color en la imagen intenta compensarlo. Por ejemplo, una foto que sólo contenga tomates maduros no va a ser todo lo roja que debiera. Podemos compensar ese exceso simplemente moviendo el cursor de transparencia de capa.

Una alternativa interesante con este método es que si en la imagen existe alguna parte que sabemos que es blanca o gris neutro, podemos seleccionar con el lazo sólo esa parte para leer la dominante de color. Esto equivale de alguna forma a realizar un equilibrio de blancos sobre la carta gris del 18% y posiblemente es el método más exacto. Sabiéndolo, incluso se puede incluir en la imagen en algún lugar que no moleste o que sea fácilmente clonable una muestra de gris. Se puede usar blanco, pero como el blanco (ya lo contaba arriba) es un color que tiene los 3 canales saturados, es posible que la lectura no sea correcta. Un foco verde manzana, si está sobreexpuesto, aparecerá como blanco.

Y como todo no van a ser ventajas, hay imágenes que no vamos a poder salvar, y son precisamente las que contienen luces altas muy cerca de la saturación. Como cualquier proceso implica una pérdida de información, si en una imagen iluminada con incandescencia y con balance de blancos de luz de dia hay un punto con partes quemadas en el azul al restarle rojo a la imagen lo que vamos a conseguir es un agujero blanco mayor alrededor de donde se supone que está la bombilla. Y es que nada sustituye las correcciones hechas en el momento de la toma.



En uno de los últimos viajes, ya al final, cansados físicamente y saturados de maravilla, se produjo un momento mágico de esos no previstos y que son los que al final le ponen los puntos álgidos a un viaje. Mientras estábamos cenando en un campamento en el desierto de Gobi, vinieron unos intérpretes de música tradicional y se pusieron a tocar. Recuerdo la sensación de dejar de comer porque no quería hacer ningún ruido y haber visto a algunos compañeros de viaje, amantes de contar historias políticamente muy incorrectas, con lágrimas en los ojos. Quise tener una foto de ese momento, pero el cuerpo me pedía que no hiciese nada que pudiese romper el encantamiento. Así que nada de moverme buscando encuadres, nada de flash, nada de trípode... Sentado en el suelo, firmemente apoyado en una columna de madera, y exposiciones de más de 1 segundo. Las luces de incandescencia y la madera que revestía el comedor se comieron los colores. Ahora, aunque sólo sea para ilustrar este método, he rescatado la imagen.

lunes, 8 de junio de 2009

Cebollas y margaritas en tempura

Justo unos dias después de haber publicado la entrada “Cebollas y Margaritas” a un buen amigo con el que tengo el placer de compartir el foro de fotografía más pequeño que conozco le han pedido unas fotos. Nada comprometido y profesional (en el sentido de facturas y eso), sólo un favor entre amigos.

Esto ha sido la oportunidad para generar una decente cantidad de mensajes que ahondan el lo que apuntaba en aquella entrada del blog y que quizás vale usar como caso práctico.

La primera idea es que el cliente sabe lo que quiere, pero no sabe que lo sabe. Pongamos que el dueño de un restaurante te llama y te pide unas fotos para una carta en el exterior. Nada especial, que queden bien... esas cosas que te dicen para chutarte toda la responsabilidad.
Tu coges la cámara, el flash y te vas al restaurante, te traen el menú, le hechas unas fotos y antes de que se empiece a enfriar ya te lo estás comiendo. Al dia siguiente te vas con el lápiz USB y las fotos y se las enseñas. Caramba, no da saltos de alegría... No lo entiendo. Están enfocadas... Te las miras críticamente y ves que no tienen un aspecto tan rico, rico como parecían mientras te los zampabas. El filete parece que se olvidó en la parrilla y las patatas fritas parecen empapadas en aceite. Pero si estaban perfectos! Si no les he hecho nada con el Photoshop!!

-Debe haber sido el flash, dices, a modo de excusa...

Vista tu cara de desconcierto, el dueño intenta ayudarte: “ Nada, si lo que quiero es muy sencillo, que se vea natural, no te compliques. Que la gente vea las fotos y sepa que se va a encontrar como en casa.
Ya lo tienes! Un mantel a cuadritos marrones, el plato de crudités en tempura y de atrezzo un botijo. La mitad de las casas tienen algo así.

Tampoco. Hombre, ya sabes que intentamos que este restaurante sea un poco especial, que nos queremos destacar ligeramente del resto de los restaurantes de los alrededores...

Tu, intentando ahorrarte la próxima decepción, le sugieres montar el plató en el casino de Montecarlo con un mantel de hilo de algodón crudo de Armenia. Podría haber una camarera vestida de oriental con postizos de oro en las uñas sirviendo el .....que no, que ves en su cara que tampoco es eso.

Toda esta exageración es para alargar un poco lo que podía haber escrito a la primera. El cliente sabe lo que quiere aunque no te lo sepa contar, y tu sabes lo que quiere aunque realizarlo te cueste algo de tiempo.

Lo que distingue un profesional (de lo que sea) de un aficionado es que éste improvisa, y el primero planifica. Vamos a planificar, pues. La cámara, por ahora, en el armario.

Supongamos, es un suponer :-D, que es un restaurante oriental el que nos pide las fotos. Vamos a hacernos una lista de conceptos, de tópicos, que se nos vienen a la cabeza.

Palillos. Decoración con frutas esculpidas. Muebles lacados. Negro y rojo. Bambú. Porcelana. Ritual. Té. Tranquilidad (podría ser jolgorio y karaoke, depende de que buscamos). ventanas de papel de arroz, luz muy tamizada. Cuenquitos. Arroz. Oso panda...

Podemos hacer la lista más larga, a nuestro aire. Eso son elementos que dejados caer en la imagen nos van a dar ese aire oriental que buscamos.

Empezamos a imaginar la foto. Si sabes dibujar mínimamente, es el momento de coger el lápiz y hacer pequeños esbozos (muy pequeños, 3x4 cm o así) que te dejen hacerte una idea de como distribuir las grandes masas de la imagen, pero que no te permita entrar en detalles y pintar los fideos fritos de uno en uno.

Un mantel de varillitas de bambú. Quizás un mantelito individual sobre un mueble lacado (una cartulina negra con un vidrio encima puede que de el pego, hay que probarlo). Un plato de porcelana y unos palillos “descuidados” encima. Aquí hay variantes, depende de lo que se quiera conseguir. Si buscamos que sea un restaurante chino en la linea Fast food, un plato redondo con decoraciones y unos palillos de bambú normales ya valen. Pero si el restaurante tiene que tener cierto empaque, posiblemente un plato sin decoración, seguramente rectangular, con unas formas más fluidas, elegantes funcionará mejor. Los palillos pueden ser negros, con mango de marfil y también añadirán clase a la imagen final.

Cantidades. Comer poco esta de moda, es “fino”, elegante. Es importante que el plato sea un poco como una composición, un minijardín oriental. Pocos elementos, pero armonizando en volúmenes y color. Un poco como un cuadro dentro de una foto. Un plato lleno está bien para anunciar las fabadas de la abuela, pero no para esto. Por supuesto, un cuenco o un plato manchado arruinará esa sensación de clase que estamos intentando reforzar elemento tras elemento.

Otro punto importante es que cuando comemos, no sólo vemos el plato. Lo olemos, lo saboreamos, notamos la temperatura, lo vemos en estéreo, con distintas luces y fondos. Eso hace que nuestra percepción de las cosas sea mucho más compleja de lo que sale en la imagen al fotografiarla. Nada de eso lo tenemos en una foto, y habrá que hacer trampa. Los filetes de las fotos están prácticamente crudos, con las líneas de la parrilla pintadas con un soldador. La espuma del café es de jabón. las gotitas de agua que se condensan en la fría botella de cerveza es un spray que le da el aspecto mate y gotas de glicerina aplicadas una a una a pincel. Los helados son de puré de patata teñido. El hielo picado dentro de una bebida es simplemente una bolsa de plástico arrugada dentro del vaso. La mayoría de bebidas es agua y gotas de anilina líquida. Todo esto dirigido a que ese vino, ese refresco de cola o esa salsa tenga esa transparencia en la foto que recordamos, aunque esa transparencia solo se manifieste cuando movemos la copa delante de una lámpara. Hay que ponerse a meditar delante de un plato de tempura para descubrir un poco más allá del primario “comida, ñam! ñam!”. Que le podríamos hacer para transmitir eso que nos hace salivar al verlas salir de la freidora, tan doradas.

La iluminación no es fácil. Unas luces duras, con claroscuros, nos van a transmitir la idea de una cocina tradicional, de la abuela, porque esa es la luz que imaginamos que había en aquellas cocinas . Y eso está bueno, pero no es chic. Si me imagino una salita japonesa con grandes ventanales de papel de arroz puedo ver que ahí hay una iluminación casi de tienda. quizás esa sea la idea a usar, apoyada con alguna luz principal para que añada algo de volumen.

Bueno, tampoco se trata de hacer un tratado de como hacer una foto de este tipo aquí, sino de hablar de la actitud ante la realización. Del trabajo previo a la foto.

Luego, cuando alguien vea la foto final, le parecerá simplemente una foto de un plato oriental para un restaurante japonés. El dueño del restaurante ha traído el plato a la mesa y el fotógrafo ha hecho la foto. Bué! eso lo puede hacer cualquiera. Hasta que lo intente, y entonces descubrirá que a él no le sale. Es lo que tiene ser un aficionado.


No pongo fotos esta vez. Es mejor proponer un juego. Escribid "tempura" en una búsqueda en Google y mirad las imágenes que el buscador ofrece. Comprobad que a pesar de que el motivo es el mismo, lo que dicen las fotos puede variar un mundo. Para los muy perezosos (cachis...) pongo un par de enlaces para abrir boca.

Este es el primero y este es el segundo enlace

miércoles, 3 de junio de 2009

Low-tech


Una bonita geodita de cuarzo recogida en alguno de los viajes.

Hoy se me ocurre mezclar dos historias aparentemente muy lejanas. La primera es una leyenda urbana de cuando rusos y americanos se daban codazos para ser los primeros en llegar a la Luna. Cuenta que como los bolígrafos escriben porque la tinta fluye a la punta por gravedad, en ausencia de ésta hubo que investigar como resolver el problema de la escritura en el espacio. Los americanos gastaron millones de dólares creando un bolígrafo con la carga hermética y presurizada que luego vendieron bajo la marca PaperMate en todo el mundo. Los rusos simplemente se llevaron un lápiz.
La otra historia es más reciente para mí. Hace un par de años dando una vuelta por el centro de Bamako, me encontré con un proceso completo de joyería en la calle. Unas personas hacían unas piezas en cera, que luego recubrían con barro. Otros colocaban esos pegotes de barro en unas minibarbacoas y fundían metal rellenando el hueco que había dejado la cera al calentarse. Un poco más adelante, rompían el bloque de arcilla y extraían la pieza fundida y con limitas y lija dejaban limpia y sin rebabas la pieza metálica. Con trapos y alguna pasta la pulían hasta dejar una buena superficie y la pasaban a otras personas que en un depósito (media garrafa de plástico...), con dos cables eléctricos conectados a unas pilas habían improvisado una estación de galvanizado donde recubrían la pieza de oro. Por fin, con más trapos pulían la pieza hasta dejarla convertida en una joya preciosa. Todo esto en medio de la calle, en el aparente caos habitual africano. Como "hierrero" de toda la vida, me hubiese encantado hablar un rato con ellos y hacer alguna foto, pero debían estar hasta las narices de tanto turista fotografiándolos como monos en el zoo y no pude vencer la barrera, y esas decisiones las intento respetar...
A la vuelta, pensé en duplicar el proceso. La fundición a la cera perdida ya la conozco pero estuve buscando información básica de que productos químicos se pueden utilizar para el recubrimiento electrolítico con oro, y no encontré nada. Toda la información está referida a grandes instalaciones mágicas en las que el producto entra por un extremo y sale por el otro listo para colgar de las orejas de una supermodelo. Ya hay alguien, el Alemania o en Japón, que ha pensado como hacerlo, y no es necesario que lo hagamos nosotros.
Me llegan a menudo mensajes a mi email preguntando como se puede hacer tal o cual foto, supongo que tras ver alguna similar en mi galería. Y no sé como explicarles que antes de hacer esa fotografía, yo no sabía como hacer esa fotografía, que no viajo con un manual gordo donde están todas las fotos explicadas en todas las situaciones posibles. Lo curioso es que bastantes mensajes vienen precedidos por una descripción del equipo que el remitente tiene, y a menudo ese equipo es económicamente muy superior al mío...


Setup típico mio para fotografiar cosas pequeñas. Excepto la cámara, nada es específicamente fotográfico. Y el macro es un viejo vivitar que modifiqué y que me costó 5€...pero cumple su función...

Yo llevo una temporadita fotografiando macros de minerales. Esto me da la oportunidad de poder trabajar con un plató de teatrillo, pequeño, que puedo montar encima de cualquier mesa y en un momento. A falta de tiempo y espacio para modelos de carne y hueso, no es mala idea para mantener engrasada la práctica. La iluminación la consigo con unos foquitos de mesita de noche a base de Leds comprados en uno de esos supermercados alemanes de los que soy comproadicto, y alguna linterna Led que entre viaje y viaje tiene poco trabajo. No tienen mucha potencia, pero eso se arregla alargando la exposición, y el color es un poco raro, azulado, pero nada que no arregle un balance de blancos personalizado. El fondo es una lámina de goma negra EVA que venden para manualidades en cualquier tienda de esas cosas. El resto de parafernalia se reduce a plastilina, pinzas de la ropa, trozos de celofán de colorines, trozos de papel vegetal y bolsas de supermercado como difusores y canutos de cartón de los que lleva el papel de WC en el centro para restringir la luz. También un rollo de cinta adhesiva es indispensable y de forma ocasional colaboran trozos de madera que rescato momentáneamente de su destino en la barbacoa. De los cacharros que tiene mi cámara donde tendría que ir el objetivo mejor hablamos en otro momento... Resumiendo, nada que puedas enseñar sin ruborizarte. ¿cómo le voy a explicar a esa persona que me pregunta a través del correo electrónico que el flash que utilizo es uno que compré de segunda mano, que lo soporto con unas vueltas de cinta adhesiva y que el difusor está hecho con un gorro de ducha? Ya he recibido vez críticas y descalificaciones por el material que empleo, y posiblemente alguna sea merecida porque es cierto que desde hace muchos años me empeño en obtener resultados a partir de materiales casi de desecho. Pero a veces los resultados son equiparables a los que ofrece un equipo “muchipastez” y eso me da una satisfacción adicional.


Y una fluorita asturiana...

Algo nos está pasando. En pocos años, este país nuestro ha pasado de solucionar casi todo con mucho ingenio, un cacho de alambre y dos vueltas de cinta aislante a equiparar los resultados al precio del equipo usado. Póngame usted el mejor objetivo que exista que tengo que hacer unas fotos a mi niño para enviárselas por Internet a los abuelos. Hemos pasado de valorar lo que has hecho a valorar lo que tienes. A este paso, en los epitafios alguien escribirá: “aquí descansa Fulanito, que tenía una full frame y conducía un Audi nueve” Y todos los presentes en el sepelio comentaran que fué una persona de éxito. Y no funciona así. No te puedes comprar una raqueta de fibra de carbono recauchutado y llamar a Nadal para que te explique como usarla porque te apetece ganar un Master; las cadenas fallan por el eslabón más débil y yo prefiero que el eslabón débil sea alguna parte del equipo, no yo. Seguramente el día en que todos los dirigentes del mundo firmen un documento para eliminar el hambre del mundo lo hagan con una Montblanc, pero comprarte una ni siquiera te garantiza que la Declaración de Renta te salga negativa.
Conocer el problema forma parte de la solución. Saber que quieres conseguir ayuda a conseguirlo, y las soluciones se alcanzan a veces por caminos que no son los trillados. Poner la cámara, el objetivo y el flash en automático es perpetuar el desconocimiento. Pero claro, los manuales tienen letras tan pequeñitas y tantas páginas...

domingo, 24 de mayo de 2009

Una de piratas

Hace unos dias, volviendo del trabajo al que tengo que acudir todos los dias para poder continuar pagando mis facturas, escuchaba en la radio a un viejo rockero defendiendo su derecho a seguir viviendo de unas canciones que escribió hace veinte años. No lo entiendo. Independiente de que hay algunos autores que pretenden hacerlo por unos temas que deberían estar tipificados como delito contra la salud pública, yo no solicité que compusieras esas canciones. Cuando entras en la casa que te lograste comprar con los beneficios obtenidos guitarra al hombro y delante de público, ni el que construyó tu casa ni el que fabricó el llavín que te permite la entrada cobran por el uso que haces de ello. Ya lo hicieron en su momento.
Hace 5 siglos “España descubrió América”. Y se la llevó, con la misma legitimidad que un chorizo encuentra un coche en la calle y se lo lleva, pero no es este el tema ahora. Unos listillos vieron que los Reyes españoles se estaban forrando a base de las riquezas que se traían de allí, y echaron sus barcos al agua y se dedicaron a la piratería. Y entonces la corona de la Pérfida Albión pensó que también quería un trozo del pastel, se puso en contacto con unos cuantos piratas, los hizo funcionarios y los puso a trabajar por un fijo+incentivos, robando para ellos.


En paises del tercer mundo, es fácil encontrarte que en medio de una carretera perdida (o del desierto!!!) cualquiera consigue un arma y te cobra lo que le apetece por cruzar por donde ayer ni siquiera era público, no tenía dueño.


Ahora estoy escribiendo este texto en un ordenador por el cual te tuve que pagar un diezmo. La imagen que lo ilustra está hecha con una cámara por la que te tuve que pagar una mordida, y quedó registrada en una tarjeta de memoria de cuyo precio te quedaste un porcentaje. Y ahora la guardo en un disco duro externo de cuya venta te llevaste un impuesto especial. No lo entiendo, pero para ser justos, si yo te pago por tu obra, tu debieras pagarme por la mia, ¿no? Al fin y al cabo, si miramos las horas invertidas, seguramente hay fotos ahí en mi galería, en el enlace de la columna de al lado, que me han costado más horas de tratamiento que a ti componer una canción.

Así que te rogaría que seas recíproco, y que me envíes un email dándome datos para que yo pueda cobrarte por el disfrute visual de mi obra.

Y de paso, porfa, colega, enrróllate, tio, explícame otra vez lo de los piratas, tio, que el otro dia me pillaste con el coco espeso y nomenteré demasiao, tio...

miércoles, 13 de mayo de 2009

Cebollas y margaritas

Podría contar que en este Sant Jordi me han regalado un profundo ensayo sobre cánticos neardenthales basados en el estudio morfológico de los restos encontrados en el Sudeste polaco, pero mentiría. Mi pareja, que me conoce mucho, me ha regalado un delicioso librito de Mortadelo y Filemón. Tal y como están las cosas, tampoco es malo cualquier cosa capaz de arrancar unas risas.
Una vez devorado, lo he vuelto a releer con tranquilidad, y he examinado con detenimiento la portada.



Los cuernos se entrelazan con las letras. Pero es que el casco está coronado con un WC y uno de los remaches está sustituido por un dial. Caramba, un dedo enseña el hueso. Las modernas pulseras de goma han sido sustituidas por una lagartija. El piercing de la nariz sostiene un chupete y de su cuello cuelga una bolsa con un móvil. Nuestro vikingo lleva un boli en el pantalón y su puñal es apto para el lavavajillas. Aprovechando que el calzado se le ha salido, una rata que habita dentro sale a respirar. Y Rompetechos saluda al respetable después de clavarle unas banderillas de los colores de la bandera andaluza mientras la firma del autor, que va por libre, celebra la faena agitando el pañuelo.

Todo eso no estaba ahí cuando Ibañez tomó el lápiz, era un papel blanco. Cada uno de los detalles que aparecen en esa imagen son fruto de el trabajo consciente de su autor.

Pensemos también en un escritor de novelas. Yo no sé escribir, otra de mis carencias, pero por lo que he oído no hay ningún personaje, por marginal que sea, que se cuele en un relato que no haya sido "invitado" por su autor.

La creación de una obra puede enfrentarse como un trabajo por capas. Volviendo al símil de la novela, en una primera capa estaría casi el resumen. A conoce a B, se fugan y se casan. Punto. Hay novelas románticas de baratillo que sólo sobrepasan levemente este nivel...
Añadamos otra capa. "A" y "B" ya tienen nombre y domicilio, viven en determinada ciudad y se fugan a un pueblo de montaña. En la siguiente capa, tienen una vida anterior al inicio de la novela y un entorno familiar. En otra capa salen los amigos. La siguiente capa nos describe el clima del pueblo de montaña. La próxima nos cuenta de los lugareños y como los acogen. En la posterior salen los problemas vecinales de los habitantes del pueblecito y como se implican "A" y"B"... Y así tanto como las ganas, la imaginación y la habilidad del autor le permitan. Todas esas capas, combinadas, contribuyen a dar riqueza y credibilidad al relato. Hay partes de la historia que seguramente al lector se le escapan, o al menos eso le parece, pero producen una visión lateral que enriquece el texto.

En una película, todos los personales que aparecen en pantalla son actores, incluso ese camarero que cruza fugazmente con una bandeja de canapés o el chico en bicicleta que adelanta el protagonista. Todas las capas de desarrollo de la historia son las que la enriquecen. Si nos vemos unos spaguetti-western de bajo presupuesto veremos que apenas se quedan con la capa background. La comparamos con "el jinete pálido" o "Blade Runner", que no deja de ser un western exportado y apreciaremos la riqueza de matices añadidos a una historia cuyo resumen puede ser similar. Es curioso constatar como conforme más fast food, más serie Z se convierte una imagen o una película, más se parece la capa única. En estos momentos se me ocurren como ejemplos las tarjetas de felicitación de cumpleaños y las pelis porno, cada una en su campo y por poner ejemplos extremos.

¿Qué es lo que determina las capas que tendrá una imagen? Evidentemente la habilidad del autor por crear historias paralelas, pero también la habilidad del lector para ser capaz de descubrirlas. Saber a quien se dirige el mensaje indica al creador la complejidad que debe tener la creación. Cuando se habla de literatura infantil, juvenil, de música “de ascensor”, de ensayo...realmente se está categorizando la complejidad de lectura de cada obra. Un niño no va a entender a Kafka (me temo que yo tampoco...) y un adulto con un mínimo cultural se va aburrir con un cuento infantil. Y lo realmente maravilloso es crear un cuento infantil en el que un adulto, al releerlo muchos años después, sea capaz de encontrar matices nuevos que le complementen la historia y hagan de lo que está leyendo una experiencia nueva. Se me ocurre ahora como ejemplo “El Principito”.

Una imagen cuenta una historia. Ya lo he escrito otras veces. Es fantástico examinar una fotografía de algún maestro e ir descubriendo como alrededor del motivo central, evidente, hay multitud de pequeños detalles que complementan el mensaje original, y como consiguen que esa lectura más profunda se realice poco a poco, en un acto de comprensión en el que entra en acción la complicidad de la inteligencia del lector. Una de las claves para que una historia quede residente como patrimonio de nuestro bagaje cultural es que el autor consiga hacer cómplice a nuestro cerebro, que se implique y que se maraville de descubrir cosas que parecen escondidas a partir de pistas que el autor, con toda intención deja diseminadas por la imagen.
Como esto suena raro, un ejemplo básico. Las novelas de misterio. Atrapan porque el lector se convierte en parte activa, en detective de la historia. Nadie compraría una novela de misterio que se llamara “El asesino es el mayordomo” si el asesino es el mayordomo...

Así que resumiendo, la creación de una buena obra pasa por una creación consciente del mensaje, por un arropado a base de capas de cebolla y acaba por el deshojado de esas capas por parte del lector hasta llegar al mensaje principal. Invito al lector al juego de tomar un libro de fotografias y examinarlas como un detective examina unas pruebas y descrubrir esos matices que hasta entonces habían pasado desapercibidos.

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Lo terrorífico es que estamos inmersos en un ambiente de consumo de mensajes monocapa. Por un lado el concepto de democracia cultural y por el de verdad el de que una sociedad como la nuestra necesita sustentarse en el gran consumo propician que los mensajes que se elaboran sean lo más sencillitos posible para que lleguen a todo el mundo. El mensaje reducido al axioma (o al artículo de fe) ayuda a no solo que nos vendan productos cuyas capacidades están por encima de nuestras necesidades sino a que reaccionemos como un banco de sardinas a cualquier estímulo que nos llegue desde fuera, y esto facilita la vida a los políticos... Pero parece que me estoy yendo por las ramas.

domingo, 3 de mayo de 2009

La misantropía necesaria

Hoy me han invitado a un buffet libre.

En alguna peli de espias he visto que cuando te torturan, lo mejor es concentrar toda tu mente en algo que te haga no ser consciente de estar donde estás. Así que mentalmente me he dedicado a evadirme escribiendo esta entrada para el blog.

Por si has tenido la suerte de no ir nunca a un buffet libre, te pongo en antecedentes. Suele ser un local grande, con pasillos mínimos entre las mesas, donde por un precio fijo te puedes comer todo lo que te quepa. Eso propicia que la avaricia estomacal (si la comida es decente se llama gula, creo) haga que los comensales se lancen por oleadas a comerse todo lo que ponen en las bandejas, aunque sea de una calidad que examinado serenamente no se lo darías al perro. Es la versión primermundista de esas imágenes de los campos de refugiados cuando alguna ONG distribuye comida desde la caja de un camión, pero sin la necesidad que en el tercer mundo lo propicia. En ese clima de bacanal anárquica, los crios corren entre las mesas y golpean durante horas las copas con el tenedor, mientras gordos en camiseta imperio y gordas con pantalones de talle bajo enseñando la goma del tanga llenan una y otra vez el plato. A la hora del segundo (o quinto plato) todo el mundo grita y rie y pide otra cerveza o renueva los chupitos de baisleis.

Todos tenemos un área privada. Es un espacio intangible alrededor nuestro que es nuestra campana de protección. Cuando alguien penetra dentro de ese volumen es como si violara alguna intimidad y nos hace sentir muy violentos. A veces, cuando estamos con una persona querida, ese espacio se reduce a la nada, y cuando estamos en situaciones que nos desagradan se expande. El mio en el buffet debía medir varios kilómetros. Si una parte importante de la comida es el ambiente, el placer de saborear, hacer que el tiempo se detenga en cada nuevo matiz de sabor, los buffets libres son a la restauración lo que un taller de planchistería a la música sinfónica.







Estas dos fotos son consecuencia de esos paseos tras un largo trayecto. Salir sin rumbo fijo, sin una foto prediseñada en la mente y dejar que éstas te sorprendan a la vuelta de cualquier camino es uno de los procesos más íntimos que proporciona la fotografía


Cuando viajo comparto con otros viajeros el mismo vehículo, y se que debo renunciar durante horas diariamente a mantener ese espacio de privacidad alrededor. Afortunadamente acostumbran a formar parte de la gente a la que quiero, y no me cuesta sacrificar ese palmo alrededor mio. Pero de vez en cuando, y me cuido mucho de avisarlo, necesito sacar a mi ego a que se estire y bostece. Y entonces cojo mi cámara, y me voy unas horas en compañía de mi mismo a dejar que el paisaje se explique y que las luces me cuenten historias. Lo hacen en voz muy bajita, y necesito estar sólo para que ningún ruido ajeno me impida entender lo que dicen, pues no acostumbran a decirlo dos veces. Vas caminando con todos tus sensores relajadamente abiertos y de los rincones vas oyendo: "Pss!! Mírame!" y entonces es cuando vas descubriendo la magia de una iluminación entre unas nubes, los sueños de descubrimiento de una embarcación varada al atardecer, la mirada desenfocada de unas ventanas o la vieja máquina cansada y abandonada. Y en esos momentos cuando surgen mis mejores tomas. Lo otro, lo de ir a mogollón a fotografiar el monumento que toca, y la luz es la que había, que pena, y dentro de una hora será mejor, pero nos tenemos que ir, no es más que el buffet libre de la fotografía. Con la diferencia que el dolor de tripas que te provoca perder manjares fotográficos no se cura con ningún bicarbonato.

viernes, 24 de abril de 2009

Esto no es lo que parece

He leido hace unos dias un divertido cuentecito sobre Photoshop. Juntando eso con un follón en un foro acerca del caracter acientífico del tratamiento con ese programa, y algún comentario que siempre recibo cuando enseño las fotos de vacaciones ("claro, es que tu las modificas con el ordenador". Como si procesarlas fuese una verguenza que hay que sufrir en silencio!!) me ha dado pie para rumiar un poco sobre el tema aprovechando las casi dos horas diarias que desperdicio cada dia conduciendo para llegar al puesto de trabajo donde desperdicio el resto del dia.

La evolución de uso de Photoshop es realmente curiosa. Empiezas por pasar tus primeras imágenes digitales al ordenador, maravillándote de tener la posibilidad de manipular algo que hasta hace cuatro dias era coto cerrado de la tienda de fotos de la esquina. Con ciertas prevenciones, como si tocases algo prohibido, estiras un poco el histograma, aclaras al amiguete que ha quedado a contraluz. A la semana estás clonando todo lo que te parece que sobra, cambiando el color de las cosas, poniendo unas nubes imposibles y quitando años y michelines a la pareja. Hasta que en un raro momento de lucidez decides que hay que poner coto a tanto libertinaje y te autoimpones un código ético. En mi caso, no modificar más allá de lo posible una imagen. Es decir: Esa señora gorda vestida de fucsia me destroza la foto de la placita medieval. Como es muy posible que hace media hora no estuviese ahí, pues la clono sin problemas como si la foto la hubiese hecho media hora antes. Las gruas, los carteles, las torres de alta tensión están ahí y ahí llevan mucho tiempo formando parte del paisaje, y ahí se quedan, en la realidad y en la imagen. Muchas veces no hay una frontera tan meridiana, pero lo sobrellevo. Sigo aplicando lo de "no dejes que la realidad te estropee una buena foto" pero con moderación.

PS tiene otro enfoque bastante menos polémico y es luchar contra las limitaciones del medio digital. La latitud de exposición de una imagen digital respecto a un negativo analógico es bastante más reducida. Más allá de lo que recomendaban los libros, bajo la ampliadora podías hacer sub y sobreexposiciones salvajes que rescataban detalles en unos niveles de iluminación de la escena realmente alejados. Y lo que era mejor, una vez la imagen en papel, el ruido que entonces se llamaba grano era muy similar en toda la foto, sin importar si correspondia a la zona bien expuesta o a otra terriblemente sobreexpuesta. El digital es más puñetitas. Lo que ves, si has expuesto correctamente, se ve la mar de bien. Si te acercas a las altas luces. ahí puedes encontrar cosas y con trabajo rescatarlas, pero es fácil tener elementos "fritos". Pero si te arrimas a las zonas oscuras ahí aparecen todos los defectos habidos y por haber. Pero no sólo eso: Si la imagen que podemos ver en la realidad tiene una latitud (cuantas veces es más brillante la zona en la que podemos ver detalles respecto a la zona más oscura en la que podemos ver detalles) inmensa. La cámara puede captar sólo una parte de esa gama, así que aunque estamos viendo a simple vista detalles en brillos y sombras, la cámara captará una parte importante de esos extremos como saturados, es decir, sin detalle. Pero es que la pantalla del ordenador o peor aun el papel aun son capaces de mostrar menos gama. Si queremos que la imagen recupere algo de lo que somos capaces de ver a ojo desnudo tenemos que recurrir a procesados. Es decir, en este proceso, el revelado no hace trampa sino que nos ayuda a que la imagen final recuerde al original.

De hecho a la vuelta de mis vacaciones, una de mis prisas es revelar las fotografías suficientes para dejarlas con el aspecto que recuerdo aun de la realidad. Con el tiempo, los recuerdos se difuminan y sólo me quedan esas fotos como recuerdo de los lugares que recorrí y sobre todo de las sensaciones que recibí, con todas las dificultades que tiene representar en una imagen un sentimiento, una emoción, una temperatura o un olor.



En la foto que acompaña esto, me llamó la atención la gran máquina abandonada en medio de la nada, cubierta con colores que el sol y el tiempo han convertido en un camuflaje perfecto en el entorno desértico. Caía la tarde y las luces tambien armonizaban con el entorno como si hubiese un enorme filtro cálido sobre la zona. El horizonte estaba teñido con los tonos sucios característicos del desierto en el que la brisa permanentemente mantiene en suspensión el fino polvo.Unos niños jugando alrededor y mientras comprobaba encuadre y enfoque uno de ellos cruzó por detrás y lo ví a través de un hueco. El mito de Jonás... Al vaciar la tarjeta en el ordenador, la imagen conseguida distaba bastante de lo que me motivó a disparar la foto. Los colores eran desvaidos y el cielo era blanco. No era esa mi foto, desde luego. El tratamiento me ha ayudado a reordenar contrastes y tonos. No puedo afirmar que el paisaje original se parezca más más a una u otra imagen, pero sí que, en mi subjetividad, la segunda imagen se acerca mucho más a mis recuerdos. Y no pretendo más que eso, reflejar lo que me hizo presionar el disparador.



Dejadme ser malo: Sospecho que muchas de las críticas que recibe el tratamiento de una imagen provienen de camareros. Nada que decir del amigo que me trae la cerveza y la tapa de olivas, el camarero es el que tiene una cámara y la usa. El fotógrafo es el que hace fotografías y las utiliza como un idioma. Y aprender un idioma es lento y difícil, y algunos jamás logramos hablarlo bien. Así que siempre considera que la mejor defensa es un buen ataque y no entiende que comprar la misma marca de pinceles que utilizaba Dalí no nos garantiza en absoluto sus mismos resultados. Y no quiere o no puede dedicar las mismas horas que dedicó Dalí a aprender a pintar, con la incertidumbre de que despues de todo el esfuerzo igual no consigue resultados aceptables. Así que... ¡prohibamos los pinceles!!!

Mientras conduzco hacia el currelo voy escuchando la radio. Me van contando noticias. Y hasta en mis cortas entendederas me doy cuenta que no me están contando las noticias como son, sino como quieren que yo las vea. Incluso sospecho que hay noticias que no existen, que son desde el momento en que suenan en el altavoz. Y pienso que el Gran Hermano tiene un manejo fastuoso de su programa de tratamiento, y que cambia el filtro a través del que me deja ver el paisaje a su antojo y beneficio. Y no me siento nada culpable de borrar alguna arruguita de las cosas y de las caras que estimo.

sábado, 21 de marzo de 2009

Contamina, que algo queda.

Ahora me quedado estupefacto. Me ha llegado al correo la convocatoria de WWF "la hora del planeta" en el que se involucrará a gobiernos, ciudadanos y empresas a apagar las luces durante una hora como gesto simbólico de apoyo a la lucha contra el cambio climático.

Yo creía que cuando se hacía una manifestación multitudinaria, esta funcionaba en base a que una parte de la ciudadanía intentaba demostrar a otra parte de la ciudadanía que otra posible solución a un problema determinado podía existir. O simplemente para demostrar que no se está de acuerdo con ciertas iniciativas y apoyarlo por número. Pero si salimos todos: ciudadanos, empresas y gobiernos... ¿a quien reclamamos? ¿estamos pidiendo que vengan los extraterrestres a salvar el planeta como en las pelis clásicas de ciencia ficción? ¿Sacamos el planeta en romería para que una aparición mariana acabe con la sequía?.

Cuando yo era un criajo y empezaba con mi hobbie astronómico, desde nuestro primer club de aficionados en el centro de la ciudad donde vivía podíamos ver la Via Láctea. Ahora, siendo un emigrado astronómico al pueblo vecino, el resplandor que desprende mi ex-ciudad me impide verla. Ya, el progreso... Pero la reflexión debería ir hacia que la sobreiluminación (producir la electricidad que consume la iluminación produce CO2, aunque sea lejos, y nos parezca que ojos que no ven, pueblecito que no se me contamina), la deslocalización empresarial que ocasiona una barbaridad de desplazamientos para ir a trabajar y la generación de paraísos residenciales contamina, contamina y contamina. Y sobreexplota los recursos acuíferos, y ello nos hará desalar agua del mar, pero algo tendremos que hacer con el excedente de sal, y podemos seguir ad eternum... Las leyes de la termodinámica, si algo tienen, es que son inflexibles.


Un edificio sin ningún interés arquitectónico, iluminado a mayor gloria de su ególatra propietario. Seguro que hay paises que no consumen tantos recursos como los que se malgastan iluminando esta moderna pirámide.


Seamos honestos: No hay ninguna perversa raza alienígena que esté plantando bombillas, coches y campos de golf en la Tierra con el malévolo plan de dominar el mundo. Ese personajillo que va a salir por la tele en el acto simbólico de apagar la luz de un edificio tiene bastante que ver con el momento en el que estamos. Es el mismo al que la crisis sólo le afecta en que quizás la suma de sus cuentas bancarias estos años duros no se va a ver incrementada como esperaba. Ese es el que en una página de Excel calcula en estos momentos cuanto debe incrementar la factura del recibo de electricidad para que esa simbólica parada no le suponga merma de beneficios. Y no me valen ya las historias del self made man que me explicaban cuando pequeño, de que el triunfo es para los que se arriesgan y los listos: Este planeta nuestro es finito, en recursos y en necesidades. Si la población mundial demanda 1000 millones de camisetas al año vendidas a 1€, o podemos tener 10,000 personas fabricando camisetas y todos ganarán 100,000€ al año y todos podrán comer, o 9,999 personas muriéndose de hambre y un listo que fabrica 1000 millones de camisetas y que tendrá el detalle de apagar sus luces durante una hora. O cambiamos esto, o las luces se apagarán por si solas.

Yo estoy más que harto de los dias de... . Hoy es el dia del Planeta, y mañana ya podemos continuar contaminándolo. Hoy es el dia de la Mujer y mañana ya podemos volver tranquilamente a nuestra violencia de género. O jugamos todos, todos los dias, o rompemos la baraja. Pero siempre habrá quien piense que aunque se rompa su baraja puede jugar con la mia, y conseguirá adecuarse a Kyoto a costa de comprar su cuota de contaminación a paises que mantienen sumergidos en el tercer mundo. En esos paises la mayoría de la población también se sumará a la campaña... gran parte de sus habitantes no tienen luz eléctrica. Alguien se lo apuntará como éxito de participación.

Y es que al final, para el Martillo, todos somos clavos. Pero al menos, que a mi no me esperen en un acto al lado de todos los Martillos del mundo.

viernes, 20 de marzo de 2009

Un acercamiento al macro.

Llevo unos dias jugando a tomar imágenes macro. Leyendo por aquí y allá en la red parece claro que las compactas torean bien en estos ruedos, dada la barbaridad de profundidad de campo que les confiere un chip pequeñito y un objetivo de focal muy cortito. Así que he pillado como modelo a alguna de las piedras (no me atrevo a llamarla colección de minerales) que tengo apiladas en una habitación y me he puesto a probar a ver que sale.

Tengo dos compactas, una Canon y una Vivitar que conseguí de ofertón. En realidad tengo una Fuji además, pero está olvidada en un cajón sin estrenar porque salió con un defecto de fabricación reconocido por el SAT pero se negaron a hacerse cargo (Sr. Fuji, me he quedado con tu cara!!) Pero vaya, que me pierdo...Volvamos a la Canon y la Vivitar. ¿que les han dado a los diseñadores de las cámaras? Tanto les cuesta ser coherentes? Puestas en la posición de macro, las dos dan un acercamiento la mar de majo... Pero...la Vivitar se niega a disparar el flash en posición de macro. A cambio conserva el zoom, con lo que tienes un acercamiento realmente bueno. La Canon sí que dispara flash, pero el zoom.. ¿para qué?. A ver si alguien me presta una G10. Igual con una cámara más cara los diseñadores no se han tomado la molestia de desconectar posibilidades. Ahora tengo dos cámaras, con la mitad de las prestaciones que desearía cada una...

Así, que las he probado por separado. Me he apañado una lupa en un canutito de cartón para ponerlo encajado en el objetivo, y conseguir más aumento. Funciona. Funciona un montón de bien. Pero cuidadín, eso tiene un gran peligro. Si queda encajado en el objetivo y este se retrae por quedarse sin pilas o por su tiempo de desconexión, pueden cascar los miniengranajes o el minimotor que maneja el objetivo. Así que el inventillo de quita y pon.



De momento como la iluminación no está acabada de resolver, monto la Vivitar en un trípode, sobre un carril que me permite moverla acercándola y alejándola al objeto que quiero fotografiar. Como iluminación, con un foco de lectura de 6€ e apaño. Cosa curiosa lo de la iluminación en macro. Una bombilla como la que utilizo en un uso normal se comportaría como un foco de luz bastante dura, pero en macro, la superficie de emisión de luz es una burrada de veces más grande que el objeto a fotografiar, así que realmente una bombilla opal se comporta como un gran paraguas difusor. y eso es una gaita porque a escala pequeña, para definir los objetos empieza a tener más importancia la forma que el color, y para definir la forma es necesario tener sombras. Para más inri, las distancias porcentuales desde el foco a las distintas partes de la imagen, y la distancia entre las partes iluminadas y las partes en sombra hacen que haya muy poca variación de intensidad luminosa, y que los reflejos rellenen las sombras.

Ya me estoy quejando... No, salen cosas enseguida, solo son cosas que voy encontrando sobre la marcha. Cosas tan frustrantemente divertidas como que fotografiar fluorita es casi imposible en cuanto te pones en modo macro: la transparencia que presentan los cristales casi iguala la luz que reflejan las facetas de los cristales. Así que sus formas desaparecen en cuanto lo intentas... Bueno, es un incentivo para continuar intentándolo. Pero salen, claro que salen. El cristalito biterminado de cuarzo de la foto lo descubrí en la roca haciendo precisamente las pruebas con estas cámaras, y mide apenas 3mm. Y bien majo se ve...

martes, 3 de marzo de 2009

Ambiente, ambiente

Una amiga y compañera de viajes me ha enviado esta foto. De hecho ella es una de las "culpables" de que haya atropellado en este blog algunas ideas acerca de la fotografía. Y fotografías como estas son las que empujan a continuar escribiendo, aunque a veces el tiempo desaparezca y las entradas se espacien.

Antes de nada indiquemos que está hecha con una camarita compacta de esas cuya mejor virtud fotográfica es que caben en el bolsillo de la blusa, y que su color hace juego con el de la blusa.

Otro detalle que no podemos obviar es que esa es su habitación. Ahí donde llega por la noche cansada y bostezando y de donde se levanta zombie y ciega hasta que se lava la cara con un buen café. Lo que quiero decir es que en la habitación propia podríamos tener un muerto y no nos daríamos cuenta hasta que alguien lo moviera de sitio. Pasamos por los sitios que nos son habituales sin procesarlos en absoluto. Una de las claves de que alguna de mis fotos de viajes se dejen mirar es que son de viajes, y muestran lugares y personajes que nos son extraños. Eso llama nuestra atención. Si intento hacer la misma foto en mi entorno, no vale nada. Una de mis frases favoritas, no se si ya la he escrito, es que para nosotros un niño negro lleno de mocos es una perfecta síntesis de la infancia en el tercer mundo. Un niño blanco con mocos es que tiene un padre que es un marrano... Supongo que vistas esas fotos por un negro, el significado se invertirá.

Y a pesar de camarita de cartón y legañas, es una foto que ronda la perfección. Una imagen dividida por una diagonal virtual que separa luces y sombras. Unas luces tamizadas y unas líneas que conducen a una tumbona que invita al reposo y la lectura. Unas piezas de cama indolentemente cruzadas en la esquina. Ningún gran centro de interés que frene nuestra mirada, que se pasea flotando por la habitación como una polilla, sin detenerse demasiado en ninguna parte, que nos lleva a descubrir las suaves líneas orgánicas de la sombra de la tumbona y las molduras de la pared. Las tablas del suelo, añadiendo profundidad, por líneas y por tono. Y el tono sepia, que aquí no es sinónimo de antiguo sino de calor primaveral. Un tono sepia tomado como opción directamente en la cámara, sin haber pasado por Photoshop. En resumen, esa es la foto del ambiente que nos gustaría que respirara en nuestras habitaciones. una imagen con una poderosa fuerza icónica.

En fín, no se si se nota que la foto me encanta. Y la quería poner de ejemplo de lo que una mirada escrutadora puede descubrir en su entorno más inmediato.


domingo, 22 de febrero de 2009

Los pequeños genocidios diarios

Estos dias de invierno frio estoy aprovechando para reordenar mis piedras, a las que no me atrevo a llamar colección. No son rocas y minerales de museo: la mayoría de ellas han sido recogidas por mi o mis amigos en alguno de los viajes que he ido disfrutando en los últimos 10 años, así que lo que realmente importante de estas piedras es que son recuerdos de esos viajes, intrumentos para viajar al pasado cada vez que las toco o las veo.
Supongo que estoy sensibilizado especialmente por la sensación de crisis que nos rodea, pero muchas de mis rocas me explican ahora historias que no son agradables de oir. Hay en la estantería un berilo que compré en una tienda de Bulabayo, por ejemplo. Bulabayo es la segunda ciudad de Zimbabwe. Cuando la visité hace una década era una bonita ciudad con edificios coloniales que se mezclaban con otros de corte tan moderno como los que podríamos descubrir en cualquier capital europea. Bulabayo estaba en la ruta soñada por Cecil Rhodes, de infausta memoria, para trazar el célebre ferrocarril transafricano "Cape to Cairo" que permitiera a los europeos disponer de una via directa para expoliar los recursos de toda Africa. Afortunadamente el proyecto no se llegó a realizar, pero Bulabayo se diseñó con unas amplísimas avenidas para permitir maniobrar las yuntas de animales de carga necesarios para tan faraónico proyecto, y esas avenidas han producido una ciudad que respira de una forma muy especial.

Hace 10 años por esas calles y las de la capital Harare se afanaban personas vestidas de traje y corbata llevando sus negocios aquí y allá, hileras de disciplinados niños vestidos todos igual, con sus diminutas corbatas como si fuesen al más tradicional de los colegios ingleses, restaurantes, esas cosas que no son restaurantes de comida rápida, tiendas... El negocio del turismo iva viento en popa, con unos ressorts extraordinarios y unos reclamos como las cataratas Victoria únicos en el mundo. La moneda era estable, apenas había mercado negro y la sensación era la de un pais que esta despegando de forma imparable.

Pero entonces llegaron las elecciones. El partido en el poder debió hacer sus números para averiguar que debía hacer para perpetuarse en el poder, y requisó las posesiones de los blancos. Ya, ya se que puede sonar racista, pero no voy por ahí. Los blancos llegaron a Zimbawbe con un bagaje para los negocios que allí no exixtía, y aunque no fuese su intención, estaban sirviendo de espejo para mucha población negra. Ni más ni menos que lo que ahora se está produciendo en China o hace 20 años se produjo con la llegada de las empresas alemanas a España. Y a nadie aquí se le ocurrió confiscar las empresas regentadas por alemanes. Quizás porque hace siglos lo intentamos con los judíos y nos salió el tiro por la culata, seguramente.

El resultado es que con esa y otras medidas, unos políticos, para mantenerse en el poder, han llevado un próspero pais a la ruina más absoluta en sólo 10 años. No lo he querido decir así, un pais es un concepto, y a los conceptos no les duele nada. Un pais es un feudo donde muchas personas intentan vivir una vida decente y plácida que puede verse truncada por los intereses de poder de otros. Donde si las cosas derivan hacia peor, hay familias que pierden sus casas, niños que mueren de enfermedades que estaban casi olvidados, enfermos que no reciben más que los cuidados que pueden pagarse. Pero hay que profundizar más. Estos dramas afectan a los miembros menos favorecidos de la sociedad, pero todos perdemos. Tener que renunciar al tiempo libre para tener un segundo trabajo, no poder salir a tomar una cervecita con los amigos, no poder realizar ese viaje para el que hemos ahorrado y al que el miedo al futuro nos hace renunciar...Estos "pequeños" dramas no salen nunca en los periódicos, pero 60 millones de pequeños dramas son un dramón. Un dramón de renuncias, de desaliento, de depresión, de falta de alegría en acometer proyectos, un pequeño morir de esperanzas diarias.

Y todo esto porque alguien ha querido hacerse con más poder y más dinero del que le corresponde.

Hablando con mis piedras, les cuento que empiezo a estar harto de los políticos. Especialistas en subrayar su honradez y señalar al que no está presente como el causante de todos los males. Yo no les pediría que fueren honrados, eso me parece pedir en demasía. Me bastaría con que fuesen inteligentes. Entendiendo como político inteligente aquel que es corrupto hasta el nivel que el pais que parasita puede seguir funcionando normalmente a pesar de sus corruptelas. Pero ya se que incluso así pido demasiado, y que me van a dar con dos piedras. Al menos yo puedo escoger, que tengo muchas...

Hoy no hay foto. Vosotros mismos, tomad el primer periódico que os caiga en las manos y recortad el que os salga en portada...

sábado, 7 de febrero de 2009

Un filtro de cartón

Tengo que confesar que a mi el revelado analógico me encantaba. Fotos no tiraba muchas, pero pasaba tarde tras tarde dentro del cuarto oscuro, empapándome de aquel olor tan característico y escuchando heavy a todo volumen (si, soy un bicho raro, pero me relaja y me desconecta del resto del mundo). Cuando di el pasito al mundo digital agradecí que el Photoshop me permitiera tener un laboratorio fotográfico listo para su uso en todo momento sin tener que extender trastos al empezar y recoger y limpiar al acabar (eso lo odiaba, mira...) pero eché de menos todos los truquillos que fuí desarrollando al lado de la ampliadora. Y de alguna forma he ido adaptando los procesos que hacía para modificar la respuesta de color y contraste en las copias de papel a procesos con el revelado digital.

Hace dos años me encontré en un barco de madera cruzando el Báltico e intenté hacer fotografías que ayudasen a mi pobre memoria en el futuro. El interior básicamente era un estrecho pasillo de madera con dos accesos a cubierta en los dos extremos, con lo que fotográficamente tenía un pasillo de madera oscuro, sin iluminación apenas, que acabada abruptamente en el acceso a cubierta, fuertemente iluminado por el Sol. Tenía trípode pero un par de pruebas dejaron claro que la diferencia de diafragmas entre el pasillo y la salida era demasiado como para meterlo todo en una única imagen. Podía haber intentado un HDR (High Dynamic Range, un proceso en el que se combinan varias imágenes con distinta exposición de tal forma que al final se consigue una fotografía en la que todo tiene una exposición razonable como para mostrar detalle) pero ese sistema tiende a producir imágenes muy artificiosas. La mejor solución hubiese sido sin duda hacer una medida fotométrica del pasillo iluminado por sus bombillas, que no van a variar, e ir midiendo la luz que llega al acceso del fondo hasta que al caer la tarde, la diferencia de diafragmas entre ambas zonas fuese menor y permitiera conseguir detalles en ambas zonas. Pero el trabajo en un barco no permite hacer planes ni siquiera a corto plazo, y menos navegando en el Báltico, así que había que intentar alguna otra cosa.

Y entonces me acordé de la ampliadora, y me pregunté si no podría hacer una reserva, tal y como lo hacía en el positivado, pero diréctamente en la cámara. Coloqué la cámara en el trípode, cerré el diafragma suficiente como para que la expo fuese de algunos segundos y a falta de otra cosa, puse el dedo delante del objetivo intentando bloquear la luz deslumbrante que ocupaba la zona central. Ya en casa, el resultado no fué el esperado porque mi dedo blanquito no era lo ideal para hacer esa reserva y se ve una especie de fantasma, pero al menos el recuerdo lo tengo.



El año pasado tuve la oportunidad de probar de nuevo el sistema. Amanecía en un lago en Finlandia y se respiraba una calma mágica. Pero una foto de un lago liso, sin más, tiene poca enjundia, así que decidí incluir un primer plano de las piedras del muelle. Pero una vez más la diferencia de iluminación entre un horizonte por el cual estaba a punto de aparecer el Sol y las piedras de primer plano era excesiva. Afortunadamente esta vez tenía en mi mano un filtro de alta tecnología: Un recorte de una caja de cartón.

Así que repetí el proceso, coloqué el trípode, disparador de cable, exposición larga y el cartón movido delante del objetivo como si estuviese en el interior de la ampliadora más grande del mundo. Y esta vez, la imagen fué justo la que había imaginado.

lunes, 26 de enero de 2009

Un pequeño cursillo de fotografía (IX)

Un poco de luz acerca de los flashes

Hace muchos muchos años, apenas inventada la fotografía, había un gran problema. La sensibilidad de las emulsiones era tan lenta que era casi imposible hacer un retrato. A los niños no se les podían hacer fotos porque durante la exposición crecían y quedaban movidos. Todos nuestros tatarabuelos muestran unas barbas muy respetables, pero se acababan de afeitar cuando empezó la exposición de su retrato. Había unas sillas especiales, entre sillón de dentista y potro de tortura medieval (tampoco están tan lejos, mal mirado) donde el sufrido retratado era fijado para que no se moviera. Yo estoy seguro de que la costumbre macabra de fotografiar los muertos que se dió en la época se debió a que los finados eran los únicos que eran capaces de aguantar la pose sin pestañear durante el tiempo necesario para impresionar la emulsión.

A algún avispado se le ocurrió inflamar alguna especie de pólvora en un cajón para crear un instante de gran luminosidad para acelerar el proceso. Había inventado el flash!. Logicamente los inicios fueron difíciles. La humareda que quedaba después de encender la pólvora era tan grande que impedía hacer otra foto durante un buen rato. Entre ventilar, cargar de nuevo el cajón, cargar otra placa en la cámara (lo del carrete estaba aún lejos) y organizar todo de nuevo, la velocidad seguía sin ser la característica principal.

Pero la inventiva es imparable, y pronto aparecieron modelos más “portátiles”. Un reflector de buen diámetro y una especie de bombilla con un filamento que se fundía al disparar la cámara. Son esos flahses los que sacaron el periodismo gráfico a la calle, y mostraron por primera vez la turbulenta vida norturna norteamericana, con su ley seca y sus gangsters. Por primera vez, la imagen no llenaba la fotografía. El primer plano estaba correctamente expuesto, las sombras eran densas y los laterales y el fondo, que no estaban iluminados por el flash, eran prácticamente negros. Sólo lo importante aparecía, el resto simplemente no se veía. Hollywood quedó maravillada ante las posibilidades expresionistas que ofrecia esta iluminación y se lanzaron a hacer lo que se ha llamado cine negro. El comic, la fotografía de moda… todo, hasta el glamour descubrieron esta iluminación sin apenas grises.
Esos primeros flashes eran fantásticos en lo que a iluminación de retrato se refiere. Situados en un brazo al lado de la cámara y bastante separados del objetivo, producian un modelado muy atractivo en los rostros y con su reflector de gran diámetro conseguían que la transición entre la zona de luces y la de sombra no fuese demasiado abrupta.
Pero no todo era sí de bonito. No podías ser un espía de la guerra fría e ir con un flash del tamaño de una parabólica, te descubrían enseguida. Y los flashes se redujeron a esas unidades que ya se parecen mucho a los flashes que podemos comprar separados de la cámara. Y la distancia entre la pantalla y el objetivo se redujo. Y el tamaño de la fuente de luz se redujo. Y la calidad de iluminación y aquellas transiciones de sombras tan atractivas…tambien se redujeron.

Pero la historia no acaba aquí, desgraciadamente. Inventan las cámaras digitales y se encuentran que les sobra espacio dentro, porque no tienen que dejar un hueco para el carrete, y otro para la bobina de película que va pasando. Fantástico, ya tenemos sitio para las pilas y el condensador, podemos meter el flash DENTRO de la cámara!!!. Menos distancia, menor diámetro de la fuente de luz…bla, bla, bla… Además y aprovechando que la electrónica es cada vez más pequeñita, le añaden un control automático al flash de forma que el usuario pierde cualquier control del flash excepto la posibilidad de apagarlo y no siempre. Al final, hemos acabado con unas cámaras pequeñitas con un flash que dejan los fondos completamente oscuros, unas sombras negras y durísimas y unos ojos rojos. Hemos iluminado, pero hemos olvidado todo lo demás. Por cierto, por si alguien se pregunta que son los ojos rojos, es el interior del ojo. El flash está tan cerca del objetivo que la luz que entra en el ojo la podemos fotografiar. Es bien curioso que en lugar de biuscar una solución evidente para separar el flash del objetivo, se ha optado porque muchos softs incorporen rutinas para retocar esos ojos rojos.

Recapitulemos. Un foco puntual produce unas sombras sin transición. Acaba abruptamente la parte iluminada y empieza la sombra pura. Cuando el tamaño del elemento emisor de luz crece la zona de transición entre la parte iluminada y la que no se hace más amplia. Podeis probarlo situando debajo de un flexo una cartulina negra con agujeros de distinto diámetro y ver como se modifica la dureza de la luz.
En realidad, lo que acabo de escribir no es del todo exacto. Más que diámetro de la fuente de luz, debería escribir diámetro aparente. Lo que realmente manda el el ángulo que cubre la fuente de luz visto desde el objeto iluminado. El Sol es la tira de grande, pero está la tira de lejos, así que se comporta como una fuente de luz dura. Esos paraguas que usan los fotógrafos profesionales cumplen la función de ampliar el tamaño angular del foco: el Flash ilumina todo el paraguas, y el tejido blanco y difuso del paraguas se convierte en un gran emisor de luz. Por eso los retratos con paraguas consiguen esas luces tan bonitas en los retratos.

Aun podemos estirar un poco más. ¿recordamos la caja de pólvora? Esa caja tenía otra propiedad. Como no se podía apuntar hacia el modelo con ella (obvio, se vaciaba…) aunque parte de la luz sí llegaba directamente al modelo, la mayoría iluminaba el techo. ¿despilfarro? NO! El techo se convertía en un gigantesco paraguas y la luz era tan suave como en el exterior un dia nublado. Y esa parte de luz que llegaba directamente a la cara de los que posaban ayudaba a iluminar las zonas en las que se podían formar sombras, como los ojos, debajo de la nariz y el cuello. Aun hoy, esa es una de las mejores soluciones para iluminar con flash, y si nos fijamos en los periodistas que salen fotografiando ministros en el telediario veremos que llevan unos plásticos blancos en el flash. Cumple la misma función de enviar parte de la luz directamente mientras buena parte rebota en el techo.

A estas horas de rollo, seguramente alguien estará pensando como podemos solventar los problemas que se derivan de esos miniflashes que incorporan las cámaras actuales. Lo siento, no tengo recursos para eso excepto no ponerlo en marcha. Hay que ir a otras cámaras de cierta entidad para encontrar lo que antaño tenian todas: un conector para un flash exterior, con el que podemos recuperar todo el control de la iluminación. Ni siquiera es posible utilizar el flash integrado en la cámara para disparar remotamente otro flash con el que intentar ser un poco creativo. Por mor de esos automatismos que citábamos, el flash no dispara una vez, sino dos, en tan rápida sucesiónque somos incapaces de verlo, pero sí sus efectos. La luz que llega a la cámara de un primer disparo es leido por el fotómetro, analizado y con eso la cámara determina la potencia que tiene que utilizar en el segundo flashazo, que es el que ocurre cuando la cámara abre el obturador. Así que si pretendemos comandar otro flash con el que incorpora la cámara, el primer flash disparará el grande y no sólo este último no iluminará el chip, sino que además falseará la lectura para el pulso de iluminación de verdad.

No voy a poner ejemplos(*). Amiguetes y familiares con la cara plana y los ojos rojos las tenemos todos, y en el otro extremo, hay personas mucho más habiles y experimentadas que yo. Aconsejo fervientemente visitar el blog de Strobist y el grupo en Flick donde un gran grupo de aficionados a la fotografía cuelgan sus experimentos en iluminación con flash.




(*) Bueno, sí. De hecho cuando escribía esto tenía en mente una fotografía en la que estamos unos cuantos feos jugando con imágenes de Júpiter en el ordenador. Pero no soy el autor, y el autor me la ha ofrecido, muchas gracias. Esa foto, aunque no lo parezca, está iluminada con un par de flashes de esos portátiles, aprovechando todas las posibilidades del reflejo en las paredes y techo. El toque de maestro, sin embargo, está en el fantástico control de la exposición que ha conseguido no solo que la imagen esté bien iluminada, sino que además esté equilibrada con la imagen que muestra la pantalla y con el paisaje exterior que se adivina a través de la persiana. Pero esto es labor de maestros solamente...