jueves, 18 de febrero de 2010

Iluminando piedras

Unos cuantos amigos me han ido preguntando acerca de las cuatro cosas básicas que les permitan iluminar sus minerales para conseguir fotografías con una calidad que esté a la altura de sus muestras. Odio profundamente los cursillos rápidos, que sólo sirven para dar una falsa sensación de conocimiento fast-food. Pero supongo que a alguno le servirá como inicio de planteamiento que le llevará a experimentar y conseguir bellas imágenes. Y como en Gomorra, si hay sólo uno, ya vale la pena...

Cuatro ideas para empezar.

Realmente iluminar piedras es como iluminar cualquier otra cosa. Mucha de la gente que conozco cuenta que sus fotos las hacen poniéndose a la luz que entra por una ventana. Ahí reside todo el principio básico de la iluminación. Sin embargo, iluminar con una ventana tienen múltiples desventajas: El día que quieres hacer fotos, está nublado, o a la hora que tienes libre el Sol da en la otra fachada. Cuando todo está bien, alguien ha retirado los visillos para lavarlos. Las fotos hechas en verano tienen otro color que las de invierno porque el Sol está más alto y su luz es más fria (azul)...

Ante todas estas desventajas, ¿porque no recrear la ventana en un medio más controlable? Pues eso es iluminar...

Vamos a examinar la ventana, a ver si la podemos copiar. Tenemos el Sol al otro lado, iluminando desde un lado. O sea, tenemos un foco de luz. Estamos iluminando con sólo un foco.

Otro detalle. El Sol es muy grande, pero afortunadamente está muy lejos. Tanto, que sólo mide medio grado de diámetro. Por escribirlo de otra forma, si vamos poniendo soles uno al lado de otro en el horizonte, nos van a hacer falta 720 soles para dar la vuelta completa. Eso quiere decir que toda la luz parece venir de un punto bastante pequeño, y eso produce unas sombras muy definidas. Pon el dedo al Sol y mira lo rápida que es la transición de la parte iluminada a la parte en sombra. Si hace eso con el dedo, lo hace con cualquier cosa. Incluso con un mineral. Igual con un dedo está bien, pero con un mineral quizás no nos interese que queden zonas completamente en sombras, sobre todo porque en las zonas en sombra el espectador no puede admirar las maravillas de la pieza.



Pero no hagamos de esto una regla fija. Podemos utilizar este sistema para hacer destacar lo que nos interesa y la parte fea que quede en una discreta sombra. También las sombras fuertes (se dice “duras”) sirven para exagerar el relieve y destacar esa cualidad, si es eso lo que nos interesa, como en el ejemplo de la pirita limonitizada de Montjuich, fotografiada simplemente al Sol aguantando la pieza a mano con la izquierda delante del garaje abierto, que es mucho más oscuro, mientras que con la otra mano hacía la foto con una compacta.

Hubiésemos obtenido el mismo resultado con un foco y una cartulina negra, y la hubiésemos podido hacer a las 10 de la noche...

Incluso podemos forzar más la nota. Tenemos una zona que nos interesa y otra, que por sosa o por desenfocada, va a hacer que la vista del espectador se despiste de lo que realmente le queremos enseñar. Así que incluso podemos limitar la luz que llega a nuestra muestra por ejemplo colocando una cartulina negra con un agujero entre el Sol y la muestra.

O...colocando un canuto de cartón delante del foco para “recortar” la luz y que ésta llegue sólo a la parte bonita de la pieza, como por ejemplo...



Así que a partir de ahora, vamos a usar un foco.

Antes de empezar, un par de consideraciones. Imaginemos un proyector de diapositivas. Colocamos la pantalla a una distancia tal que el lado largo de la diapo mida un metro. Si alejamos ahora la pantalla al doble de distancia del proyector, el lado de la proyección medirá ahora 2 metros. Peeero, nada es perfecto, resulta que como el proyector no ha aumentado su cantidad de luz, ahora su luz se distribuye por un área cuatro veces mayor, y la imagen será 4 veces más débil.

El sol está tan lejos, que por mucho que movamos la muestra la cantidad de luz que le va a llegar va a ser la misma. Pero con un foco la cosa es diferente. Si tenemos una muestra grande y acercamos el foco mucho, la distancia de la parte del mineral más cercana al foco recibirá más luz que la más lejana. Ahí tenemos otra posibilidad de control para enfatizar la parte que nos interesa y que la luz se pierda hacia la parte aburrida de la muestra.

Otro control. Mejor usar un foco pequeño, siempre es más fácil hacerlo grande que al revés, luego lo vemos. Volvamos a usar el dedo. Lo ponemos lejos del foco. El límite entre la parte iluminada y la parte en sombra es muy nítida. Ahora acerquemos el dedo al foco todo lo posible. Recibe mucha más luz (eso lo acabamos de leer) pero la gracia es que el borde de sombra ya no es tan nítido. ¿que ha pasado? Subámonos en nuestro dedo y miremos al foco. Cuando acercamos el dedo al foco, lo vemos más grande. Es decir, el tamaño aparente del foco tiene una buena influencia en lo nítida que es la transición entre luces y sombras. Jugaremos con eso.

Un foco. Sólo tenemos un foco natural, el Sol, y el ojo está acostumbrado a leer los volúmenes que produce un único foco. Los fotógrafos acostumbran a ser vagos, y además poner muchos focos impresiona más al cliente, pero realmente sólo hay un foco principal.

Así que vamos a empezar. Escogemos una muestra de tamaño generoso y sin brillos metálicos, que para complicarnos con esto siempre estamos a tiempo, encendemos el foco y vamos girando la pieza en las manos hasta que ¡chán! vemos la pieza de forma atractiva, mostrando su parte más bella. Ahora la ponemos encima de la mesa con la parte buena hacia la cámara situada en un trípode. Podemos mover la cámara para acabar de encuadrar, acercarnos, verla desde un poco arriba o abajo...

Como ahora las cámaras son digitales y las fotos gratis, hagamos una primera foto. Click!



Ahora tomemos el foco, y lo que antes habíamos hecho con la pieza, ahora con el foco, y examinando la imagen a través del visor de la cámara. Seguro que más pronto o más tarde, hay una posición de foco en la que la pieza se muestra más espectacular, y en la que las sombras no enmascaran la parte “buena”. Fijamos el foco en esa posición u otra foto. Quizás nos hemos acercado demasiado, tenemos cierta tendencia a hacerlo cuando probamos iluminaciones. Pero recordemos que lo único que aquí manda es la dirección. Si conservamos el eje que va desde la pieza al foco, podemos mover el foco por ese eje y la iluminación no va a variar. Vale, otra foto. Lo que no recibe luz es prácticamente negro, pero igual ya vale.
Bueno, la foto que hemos conseguido no será como la que pongo de muestra. Se verá la mesa. Si la iluminación que produce el foco es suficientemente más potente que la luz ambiente, el fondo será negro, como en mi foto delante del garaje. Así que estará bien apagar las luces o dejarlas lo suficientemente débiles como para no tropezar. Si situamos la muestra encima de una cartulina negra... ya empezará aparecerse más. Sigamos haciendo fotos del proceso. Si con todo, el fondo sigue viéndose, siempre podemos curvar hacia arriba el extremo alejado de la cartulina detrás de la muestra, de forma que nos tape el fondo. Ahora ya se tendría que parecer a la foto de los granates.

Antes de continuar, un detalle que no por obvio debemos dejar de citar. Da igual la cantidad de luz que tengamos. La piedra no se mueve, y la cámara en el trípode tampoco. Por lo tanto, si hay poca luz, que la cámara de una exposición más larga. Lo que es importante es que el chip reciba una cantidad determinada de luz, y da lo mismo si tarda una milésima de segundo o diez segundos. Ya, ya se que aquí se trataba de aprender a iluminar y no de soltar un tochazo sobre teoría, pero hay un mínimo imprescindible. Para picar, hay que saber en que extremo del martillo está el mango. Para no repetirme dejo a libre albedrío del lector el mirarse las entradas dedicadas al cursillo de fotografía en este blog, y que empiezan en el enlace Un pequeño cursillo de fotografía (I).

Volvamos a nuestra paciente modelo. La tenemos ahí en la mesa, sobre la cartulina negra (¿porqué negra? ¿que pasa con otro color?...pruébalo...) con las partes que reciben luz bien iluminadas y las que no tienen iluminación prácticamente negras. Intentaremos recuperar (“rellenar”) esas sombras. Es fácil. Parte de la luz no incide en la roca, sino que ilumina el suelo o simplemente pasa por delante, por detrás o por arriba de la pieza. Esa es luz desperdiciada. Así que vamos a poner un folio blanco, una cartulina blanca o un trozo de porexpan blanco al otro lado del mineral, de forma que recoja esa luz desperdiciada y la devuelva hacia la muestra. Parece que hayan encendido un segundo foco al otro lado. Las sombras se han iluminado. De hecho, el efecto es exactamente el mismo que colocando un segundo foco, y algunos fotógrafos prefieren el segundo foco, pues ofrece algo más de control sobre la dirección y la intensidad de esa segunda iluminación de relleno.



La calcantita simplemente tiene un foco desde arriba y un papel blanco en la base, reflejando y rellenando las sombras.

Vamos a contestar a la pregunta del color que hacíamos antes. ¿Que pasa si la cartulina conde rebotamos la luz es de color? Probémoslo. Tiñe de su color las sombras y el color de la pieza se pierde. No es que esté prohibido, no hay nada estrictamente prohibido si conseguimos transmitir lo que queremos, pero si se trata de mostrar enciclopédicamente el sutil color de una celestina, ponerle un reflejo rojo no va a ayudar a los que quieran basarse en nuestra fotografía para identificar su ejemplar.

Vamos a jugar un poco con el papel. Sigamos haciendo fotos del proceso, luego ese será el mejor cursillo. Vamos a ponerlo muy, muy cerca de la pieza, lo justito para que no salga en la foto. La luz que refleja y llega a la pieza es importante, casi irreal, como en el caso de la calcantita de El Papiol. Movamos poco el papel alejándolo de la muestra y esas sombras se van oscureciendo y de esta forma ya tenemos un control total sobre ese relleno de sombras. Rizando el rizo, tampoco nos tenemos que quedar con un único papel. Mientras no tapen la foto, podemos poner tantos como necesitemos para ir iluminando las caras que queramos. También, ¿porque no? podemos poner un papel grande iluminando toda la pieza a un nivel bajo y luego con papelitos más pequeños y más cerca añadir puntos con más luz aquí y allá para que nos defina más el volumen. Y al revés, podemos colocar recortes de papel negro para evitar que a ciertas zonas les llegue luz.



Y si podemos usar papelillos negros para reservar zonas de sombra, ¿porqué no usarlos para bloquear la luz del foco? Parte de la luz del foco está iluminando la cartulina negra de base, y eso no sólo no nos sirve de nada sino que suele quedar mal. Pues nada tan simple como interponer unos trocitos negros que impidan que el foco ilumine la cartulina...

Hasta ahora hemos controlado el reflejo, y el foco sigue siendo una fuente de luz “dura” que sigue produciéndonos una frontera abrupta entre la parte iluminada y la que no recibe luz directa. Vamos a modificar ahora eso. En alguna parte del blog ya lo explico, pero lo repito... lo que crea la dureza de la transición es el tamaño relativo del foco visto desde la posición del modelo. Lo del Sol grande pero muy lejos que explicaba antes.

Ahora necesitaremos un papel vegetal. Antes había en todas las papelerías, pero desde que el dibujo técnico se hace con ordenador igual cuesta un poco más encontrarlo. Puede ser cualquier material traslúcido. Poliester mate, metacrilato glaseado...bolsas de supermercado blancas, gorros de ducha de todo a 100... Mientras sea blanco para no introducir color a la luz, casi todo vale. Los fotógrafos profesionales usan paraguas traslúcidos de nylon, pero para las muestras pequeñas que manejamos un paraguas es evidentemente demasiado grande.

Vamos a probar. Cuando iluminamos un material traslúcido, el foco emisor de luz ya no es el foco “iluminador”. Lo que está iluminando ahora la pieza es el círculo que el foco forma en el papel vegetal. Y ese diámetro relativo decíamos que influye decisivamente sobre la transición luz-sombra, así que vamos a comprobarlo. Acercamos el papel vegetal hasta tocar el foco y vemos que las transiciones son prácticamente tan duras como antes. Ahora vamos separando el papel del foco, acercándolo a la pieza y podemos comprobar como se difuminan esas transiciones. ¿hasta donde? Ah! ese es el toque del maestro. Jugando con la posición de ese vegetal y con la del papel del otro lado vamos a tener un control casi total sobre el aspecto que queremos que tenga nuestra fotografía.

Y ya, ya se que con el vegetal se pierde mucha luz. Pero no tiene ninguna importancia, porque el papel blanco de reflejo también recibe menos en la misma proporción y el aspecto general no varía. Esta es una de las ventajas de utilizar un sólo foco. Sustituir el papel de reflejo por otro foco nos obliga a regular de forma independiente cada foco y variar el segundo foco cada vez que modificamos el primero.



El uso de los difusores llevado al extremo se llama iluminación de tienda y se usa mucho. Simplemente se rodea la pieza por una “casita” de material traslúcido, se dirigen los focos hacia el material difusor y ya está. Variando la distancia de los focos por separado a la tienda, regulamos un poco el modelado, pero básicamente lo que obtenemos es una iluminación muy descriptiva, sin zonas oscuras, donde el color de la pieza tiene una importancia capital.

Por supuesto, la práctica debería generar más preguntas, a las que no quiero responder porque no hay una regla fija y estricta para iluminar cada pieza...Descubriremos que la luz rasante ayuda a dibujar bien las texturas y los relieves, que el foco iluminando un poco a contraluz permite explicar la transparencia del mineral... Improvisar y probar, no hay atajos...

Y para acabar, la guinda. Es posible que haya zonas de la pieza que intencionadamente las hayamos dejado negras. Pero eso es una cosa y la otra es que la forma se pierda. Así que hemos de hacer algo para “dibujar” al menos el perfil. Ahora sí necesitamos otro foco.



Apuntamos al fondo con ese segundo foco, lo limitamos con un canuto de cartulina o con una cartulina agujereada y le metemos un filtro para darle el color que nos interese. Como ese filtro no tiene que dar más que color, no necesita calidad ninguna. Celofanes de caramelos, de trabajos manuales, plásticos de los divisores de las carpetas escolares... cualquier cosa nos va a valer. Y con eso y un poco de práctica, nuestras fotos van a ser la envidia de propios y extraños ;-D

9 comentarios:

Rafa Barberá dijo...

Plas, plas, plas!

Una introducción rápida, pero muy completa al mundillo de la iluminación. Ya no tienen excusas tus amigos pedreros para no iluminar bien ;-)

Anónimo dijo...

Claro, Concreto y conciso.

Espero saber aplicarlo

Administrador dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Yowanni dijo...

Un "tutorial" muy interesante. Ahora nos toca ponernos manos a la obra para aplicar lo aprendido, jejeje

Carles Gili dijo...

Una explicación llena de la sensibilidad que únicamente un FOTÓGRAFO es capaz de dar.
Gracias. Y si no me salen las fotos ahora, siempre podré decir, no, si es que Soldevilla decía esto o aquello... :-)

Anónimo dijo...

Clap clap, clap, clap... Clap, clap, clap, clap, clap

Maestral, muchas gracias

Arturo Shaw

Anónimo dijo...

Que torpe... magistral quería decir, bueno, se entiende :-)

J. Bello dijo...

me ha gustado mucho, muy bien explicado

teresa soler(terita) dijo...

GRACIAS.por compartir tus cosas,trucos y demas..para nosotros los que empezamos en este mundo de minerales..fotografia..etc.Siempre se agradece un buen consejo.Un saludo de terita soler..