sábado, 21 de marzo de 2009

Contamina, que algo queda.

Ahora me quedado estupefacto. Me ha llegado al correo la convocatoria de WWF "la hora del planeta" en el que se involucrará a gobiernos, ciudadanos y empresas a apagar las luces durante una hora como gesto simbólico de apoyo a la lucha contra el cambio climático.

Yo creía que cuando se hacía una manifestación multitudinaria, esta funcionaba en base a que una parte de la ciudadanía intentaba demostrar a otra parte de la ciudadanía que otra posible solución a un problema determinado podía existir. O simplemente para demostrar que no se está de acuerdo con ciertas iniciativas y apoyarlo por número. Pero si salimos todos: ciudadanos, empresas y gobiernos... ¿a quien reclamamos? ¿estamos pidiendo que vengan los extraterrestres a salvar el planeta como en las pelis clásicas de ciencia ficción? ¿Sacamos el planeta en romería para que una aparición mariana acabe con la sequía?.

Cuando yo era un criajo y empezaba con mi hobbie astronómico, desde nuestro primer club de aficionados en el centro de la ciudad donde vivía podíamos ver la Via Láctea. Ahora, siendo un emigrado astronómico al pueblo vecino, el resplandor que desprende mi ex-ciudad me impide verla. Ya, el progreso... Pero la reflexión debería ir hacia que la sobreiluminación (producir la electricidad que consume la iluminación produce CO2, aunque sea lejos, y nos parezca que ojos que no ven, pueblecito que no se me contamina), la deslocalización empresarial que ocasiona una barbaridad de desplazamientos para ir a trabajar y la generación de paraísos residenciales contamina, contamina y contamina. Y sobreexplota los recursos acuíferos, y ello nos hará desalar agua del mar, pero algo tendremos que hacer con el excedente de sal, y podemos seguir ad eternum... Las leyes de la termodinámica, si algo tienen, es que son inflexibles.


Un edificio sin ningún interés arquitectónico, iluminado a mayor gloria de su ególatra propietario. Seguro que hay paises que no consumen tantos recursos como los que se malgastan iluminando esta moderna pirámide.


Seamos honestos: No hay ninguna perversa raza alienígena que esté plantando bombillas, coches y campos de golf en la Tierra con el malévolo plan de dominar el mundo. Ese personajillo que va a salir por la tele en el acto simbólico de apagar la luz de un edificio tiene bastante que ver con el momento en el que estamos. Es el mismo al que la crisis sólo le afecta en que quizás la suma de sus cuentas bancarias estos años duros no se va a ver incrementada como esperaba. Ese es el que en una página de Excel calcula en estos momentos cuanto debe incrementar la factura del recibo de electricidad para que esa simbólica parada no le suponga merma de beneficios. Y no me valen ya las historias del self made man que me explicaban cuando pequeño, de que el triunfo es para los que se arriesgan y los listos: Este planeta nuestro es finito, en recursos y en necesidades. Si la población mundial demanda 1000 millones de camisetas al año vendidas a 1€, o podemos tener 10,000 personas fabricando camisetas y todos ganarán 100,000€ al año y todos podrán comer, o 9,999 personas muriéndose de hambre y un listo que fabrica 1000 millones de camisetas y que tendrá el detalle de apagar sus luces durante una hora. O cambiamos esto, o las luces se apagarán por si solas.

Yo estoy más que harto de los dias de... . Hoy es el dia del Planeta, y mañana ya podemos continuar contaminándolo. Hoy es el dia de la Mujer y mañana ya podemos volver tranquilamente a nuestra violencia de género. O jugamos todos, todos los dias, o rompemos la baraja. Pero siempre habrá quien piense que aunque se rompa su baraja puede jugar con la mia, y conseguirá adecuarse a Kyoto a costa de comprar su cuota de contaminación a paises que mantienen sumergidos en el tercer mundo. En esos paises la mayoría de la población también se sumará a la campaña... gran parte de sus habitantes no tienen luz eléctrica. Alguien se lo apuntará como éxito de participación.

Y es que al final, para el Martillo, todos somos clavos. Pero al menos, que a mi no me esperen en un acto al lado de todos los Martillos del mundo.

viernes, 20 de marzo de 2009

Un acercamiento al macro.

Llevo unos dias jugando a tomar imágenes macro. Leyendo por aquí y allá en la red parece claro que las compactas torean bien en estos ruedos, dada la barbaridad de profundidad de campo que les confiere un chip pequeñito y un objetivo de focal muy cortito. Así que he pillado como modelo a alguna de las piedras (no me atrevo a llamarla colección de minerales) que tengo apiladas en una habitación y me he puesto a probar a ver que sale.

Tengo dos compactas, una Canon y una Vivitar que conseguí de ofertón. En realidad tengo una Fuji además, pero está olvidada en un cajón sin estrenar porque salió con un defecto de fabricación reconocido por el SAT pero se negaron a hacerse cargo (Sr. Fuji, me he quedado con tu cara!!) Pero vaya, que me pierdo...Volvamos a la Canon y la Vivitar. ¿que les han dado a los diseñadores de las cámaras? Tanto les cuesta ser coherentes? Puestas en la posición de macro, las dos dan un acercamiento la mar de majo... Pero...la Vivitar se niega a disparar el flash en posición de macro. A cambio conserva el zoom, con lo que tienes un acercamiento realmente bueno. La Canon sí que dispara flash, pero el zoom.. ¿para qué?. A ver si alguien me presta una G10. Igual con una cámara más cara los diseñadores no se han tomado la molestia de desconectar posibilidades. Ahora tengo dos cámaras, con la mitad de las prestaciones que desearía cada una...

Así, que las he probado por separado. Me he apañado una lupa en un canutito de cartón para ponerlo encajado en el objetivo, y conseguir más aumento. Funciona. Funciona un montón de bien. Pero cuidadín, eso tiene un gran peligro. Si queda encajado en el objetivo y este se retrae por quedarse sin pilas o por su tiempo de desconexión, pueden cascar los miniengranajes o el minimotor que maneja el objetivo. Así que el inventillo de quita y pon.



De momento como la iluminación no está acabada de resolver, monto la Vivitar en un trípode, sobre un carril que me permite moverla acercándola y alejándola al objeto que quiero fotografiar. Como iluminación, con un foco de lectura de 6€ e apaño. Cosa curiosa lo de la iluminación en macro. Una bombilla como la que utilizo en un uso normal se comportaría como un foco de luz bastante dura, pero en macro, la superficie de emisión de luz es una burrada de veces más grande que el objeto a fotografiar, así que realmente una bombilla opal se comporta como un gran paraguas difusor. y eso es una gaita porque a escala pequeña, para definir los objetos empieza a tener más importancia la forma que el color, y para definir la forma es necesario tener sombras. Para más inri, las distancias porcentuales desde el foco a las distintas partes de la imagen, y la distancia entre las partes iluminadas y las partes en sombra hacen que haya muy poca variación de intensidad luminosa, y que los reflejos rellenen las sombras.

Ya me estoy quejando... No, salen cosas enseguida, solo son cosas que voy encontrando sobre la marcha. Cosas tan frustrantemente divertidas como que fotografiar fluorita es casi imposible en cuanto te pones en modo macro: la transparencia que presentan los cristales casi iguala la luz que reflejan las facetas de los cristales. Así que sus formas desaparecen en cuanto lo intentas... Bueno, es un incentivo para continuar intentándolo. Pero salen, claro que salen. El cristalito biterminado de cuarzo de la foto lo descubrí en la roca haciendo precisamente las pruebas con estas cámaras, y mide apenas 3mm. Y bien majo se ve...

martes, 3 de marzo de 2009

Ambiente, ambiente

Una amiga y compañera de viajes me ha enviado esta foto. De hecho ella es una de las "culpables" de que haya atropellado en este blog algunas ideas acerca de la fotografía. Y fotografías como estas son las que empujan a continuar escribiendo, aunque a veces el tiempo desaparezca y las entradas se espacien.

Antes de nada indiquemos que está hecha con una camarita compacta de esas cuya mejor virtud fotográfica es que caben en el bolsillo de la blusa, y que su color hace juego con el de la blusa.

Otro detalle que no podemos obviar es que esa es su habitación. Ahí donde llega por la noche cansada y bostezando y de donde se levanta zombie y ciega hasta que se lava la cara con un buen café. Lo que quiero decir es que en la habitación propia podríamos tener un muerto y no nos daríamos cuenta hasta que alguien lo moviera de sitio. Pasamos por los sitios que nos son habituales sin procesarlos en absoluto. Una de las claves de que alguna de mis fotos de viajes se dejen mirar es que son de viajes, y muestran lugares y personajes que nos son extraños. Eso llama nuestra atención. Si intento hacer la misma foto en mi entorno, no vale nada. Una de mis frases favoritas, no se si ya la he escrito, es que para nosotros un niño negro lleno de mocos es una perfecta síntesis de la infancia en el tercer mundo. Un niño blanco con mocos es que tiene un padre que es un marrano... Supongo que vistas esas fotos por un negro, el significado se invertirá.

Y a pesar de camarita de cartón y legañas, es una foto que ronda la perfección. Una imagen dividida por una diagonal virtual que separa luces y sombras. Unas luces tamizadas y unas líneas que conducen a una tumbona que invita al reposo y la lectura. Unas piezas de cama indolentemente cruzadas en la esquina. Ningún gran centro de interés que frene nuestra mirada, que se pasea flotando por la habitación como una polilla, sin detenerse demasiado en ninguna parte, que nos lleva a descubrir las suaves líneas orgánicas de la sombra de la tumbona y las molduras de la pared. Las tablas del suelo, añadiendo profundidad, por líneas y por tono. Y el tono sepia, que aquí no es sinónimo de antiguo sino de calor primaveral. Un tono sepia tomado como opción directamente en la cámara, sin haber pasado por Photoshop. En resumen, esa es la foto del ambiente que nos gustaría que respirara en nuestras habitaciones. una imagen con una poderosa fuerza icónica.

En fín, no se si se nota que la foto me encanta. Y la quería poner de ejemplo de lo que una mirada escrutadora puede descubrir en su entorno más inmediato.


domingo, 22 de febrero de 2009

Los pequeños genocidios diarios

Estos dias de invierno frio estoy aprovechando para reordenar mis piedras, a las que no me atrevo a llamar colección. No son rocas y minerales de museo: la mayoría de ellas han sido recogidas por mi o mis amigos en alguno de los viajes que he ido disfrutando en los últimos 10 años, así que lo que realmente importante de estas piedras es que son recuerdos de esos viajes, intrumentos para viajar al pasado cada vez que las toco o las veo.
Supongo que estoy sensibilizado especialmente por la sensación de crisis que nos rodea, pero muchas de mis rocas me explican ahora historias que no son agradables de oir. Hay en la estantería un berilo que compré en una tienda de Bulabayo, por ejemplo. Bulabayo es la segunda ciudad de Zimbabwe. Cuando la visité hace una década era una bonita ciudad con edificios coloniales que se mezclaban con otros de corte tan moderno como los que podríamos descubrir en cualquier capital europea. Bulabayo estaba en la ruta soñada por Cecil Rhodes, de infausta memoria, para trazar el célebre ferrocarril transafricano "Cape to Cairo" que permitiera a los europeos disponer de una via directa para expoliar los recursos de toda Africa. Afortunadamente el proyecto no se llegó a realizar, pero Bulabayo se diseñó con unas amplísimas avenidas para permitir maniobrar las yuntas de animales de carga necesarios para tan faraónico proyecto, y esas avenidas han producido una ciudad que respira de una forma muy especial.

Hace 10 años por esas calles y las de la capital Harare se afanaban personas vestidas de traje y corbata llevando sus negocios aquí y allá, hileras de disciplinados niños vestidos todos igual, con sus diminutas corbatas como si fuesen al más tradicional de los colegios ingleses, restaurantes, esas cosas que no son restaurantes de comida rápida, tiendas... El negocio del turismo iva viento en popa, con unos ressorts extraordinarios y unos reclamos como las cataratas Victoria únicos en el mundo. La moneda era estable, apenas había mercado negro y la sensación era la de un pais que esta despegando de forma imparable.

Pero entonces llegaron las elecciones. El partido en el poder debió hacer sus números para averiguar que debía hacer para perpetuarse en el poder, y requisó las posesiones de los blancos. Ya, ya se que puede sonar racista, pero no voy por ahí. Los blancos llegaron a Zimbawbe con un bagaje para los negocios que allí no exixtía, y aunque no fuese su intención, estaban sirviendo de espejo para mucha población negra. Ni más ni menos que lo que ahora se está produciendo en China o hace 20 años se produjo con la llegada de las empresas alemanas a España. Y a nadie aquí se le ocurrió confiscar las empresas regentadas por alemanes. Quizás porque hace siglos lo intentamos con los judíos y nos salió el tiro por la culata, seguramente.

El resultado es que con esa y otras medidas, unos políticos, para mantenerse en el poder, han llevado un próspero pais a la ruina más absoluta en sólo 10 años. No lo he querido decir así, un pais es un concepto, y a los conceptos no les duele nada. Un pais es un feudo donde muchas personas intentan vivir una vida decente y plácida que puede verse truncada por los intereses de poder de otros. Donde si las cosas derivan hacia peor, hay familias que pierden sus casas, niños que mueren de enfermedades que estaban casi olvidados, enfermos que no reciben más que los cuidados que pueden pagarse. Pero hay que profundizar más. Estos dramas afectan a los miembros menos favorecidos de la sociedad, pero todos perdemos. Tener que renunciar al tiempo libre para tener un segundo trabajo, no poder salir a tomar una cervecita con los amigos, no poder realizar ese viaje para el que hemos ahorrado y al que el miedo al futuro nos hace renunciar...Estos "pequeños" dramas no salen nunca en los periódicos, pero 60 millones de pequeños dramas son un dramón. Un dramón de renuncias, de desaliento, de depresión, de falta de alegría en acometer proyectos, un pequeño morir de esperanzas diarias.

Y todo esto porque alguien ha querido hacerse con más poder y más dinero del que le corresponde.

Hablando con mis piedras, les cuento que empiezo a estar harto de los políticos. Especialistas en subrayar su honradez y señalar al que no está presente como el causante de todos los males. Yo no les pediría que fueren honrados, eso me parece pedir en demasía. Me bastaría con que fuesen inteligentes. Entendiendo como político inteligente aquel que es corrupto hasta el nivel que el pais que parasita puede seguir funcionando normalmente a pesar de sus corruptelas. Pero ya se que incluso así pido demasiado, y que me van a dar con dos piedras. Al menos yo puedo escoger, que tengo muchas...

Hoy no hay foto. Vosotros mismos, tomad el primer periódico que os caiga en las manos y recortad el que os salga en portada...

sábado, 7 de febrero de 2009

Un filtro de cartón

Tengo que confesar que a mi el revelado analógico me encantaba. Fotos no tiraba muchas, pero pasaba tarde tras tarde dentro del cuarto oscuro, empapándome de aquel olor tan característico y escuchando heavy a todo volumen (si, soy un bicho raro, pero me relaja y me desconecta del resto del mundo). Cuando di el pasito al mundo digital agradecí que el Photoshop me permitiera tener un laboratorio fotográfico listo para su uso en todo momento sin tener que extender trastos al empezar y recoger y limpiar al acabar (eso lo odiaba, mira...) pero eché de menos todos los truquillos que fuí desarrollando al lado de la ampliadora. Y de alguna forma he ido adaptando los procesos que hacía para modificar la respuesta de color y contraste en las copias de papel a procesos con el revelado digital.

Hace dos años me encontré en un barco de madera cruzando el Báltico e intenté hacer fotografías que ayudasen a mi pobre memoria en el futuro. El interior básicamente era un estrecho pasillo de madera con dos accesos a cubierta en los dos extremos, con lo que fotográficamente tenía un pasillo de madera oscuro, sin iluminación apenas, que acabada abruptamente en el acceso a cubierta, fuertemente iluminado por el Sol. Tenía trípode pero un par de pruebas dejaron claro que la diferencia de diafragmas entre el pasillo y la salida era demasiado como para meterlo todo en una única imagen. Podía haber intentado un HDR (High Dynamic Range, un proceso en el que se combinan varias imágenes con distinta exposición de tal forma que al final se consigue una fotografía en la que todo tiene una exposición razonable como para mostrar detalle) pero ese sistema tiende a producir imágenes muy artificiosas. La mejor solución hubiese sido sin duda hacer una medida fotométrica del pasillo iluminado por sus bombillas, que no van a variar, e ir midiendo la luz que llega al acceso del fondo hasta que al caer la tarde, la diferencia de diafragmas entre ambas zonas fuese menor y permitiera conseguir detalles en ambas zonas. Pero el trabajo en un barco no permite hacer planes ni siquiera a corto plazo, y menos navegando en el Báltico, así que había que intentar alguna otra cosa.

Y entonces me acordé de la ampliadora, y me pregunté si no podría hacer una reserva, tal y como lo hacía en el positivado, pero diréctamente en la cámara. Coloqué la cámara en el trípode, cerré el diafragma suficiente como para que la expo fuese de algunos segundos y a falta de otra cosa, puse el dedo delante del objetivo intentando bloquear la luz deslumbrante que ocupaba la zona central. Ya en casa, el resultado no fué el esperado porque mi dedo blanquito no era lo ideal para hacer esa reserva y se ve una especie de fantasma, pero al menos el recuerdo lo tengo.



El año pasado tuve la oportunidad de probar de nuevo el sistema. Amanecía en un lago en Finlandia y se respiraba una calma mágica. Pero una foto de un lago liso, sin más, tiene poca enjundia, así que decidí incluir un primer plano de las piedras del muelle. Pero una vez más la diferencia de iluminación entre un horizonte por el cual estaba a punto de aparecer el Sol y las piedras de primer plano era excesiva. Afortunadamente esta vez tenía en mi mano un filtro de alta tecnología: Un recorte de una caja de cartón.

Así que repetí el proceso, coloqué el trípode, disparador de cable, exposición larga y el cartón movido delante del objetivo como si estuviese en el interior de la ampliadora más grande del mundo. Y esta vez, la imagen fué justo la que había imaginado.

lunes, 26 de enero de 2009

Un pequeño cursillo de fotografía (IX)

Un poco de luz acerca de los flashes

Hace muchos muchos años, apenas inventada la fotografía, había un gran problema. La sensibilidad de las emulsiones era tan lenta que era casi imposible hacer un retrato. A los niños no se les podían hacer fotos porque durante la exposición crecían y quedaban movidos. Todos nuestros tatarabuelos muestran unas barbas muy respetables, pero se acababan de afeitar cuando empezó la exposición de su retrato. Había unas sillas especiales, entre sillón de dentista y potro de tortura medieval (tampoco están tan lejos, mal mirado) donde el sufrido retratado era fijado para que no se moviera. Yo estoy seguro de que la costumbre macabra de fotografiar los muertos que se dió en la época se debió a que los finados eran los únicos que eran capaces de aguantar la pose sin pestañear durante el tiempo necesario para impresionar la emulsión.

A algún avispado se le ocurrió inflamar alguna especie de pólvora en un cajón para crear un instante de gran luminosidad para acelerar el proceso. Había inventado el flash!. Logicamente los inicios fueron difíciles. La humareda que quedaba después de encender la pólvora era tan grande que impedía hacer otra foto durante un buen rato. Entre ventilar, cargar de nuevo el cajón, cargar otra placa en la cámara (lo del carrete estaba aún lejos) y organizar todo de nuevo, la velocidad seguía sin ser la característica principal.

Pero la inventiva es imparable, y pronto aparecieron modelos más “portátiles”. Un reflector de buen diámetro y una especie de bombilla con un filamento que se fundía al disparar la cámara. Son esos flahses los que sacaron el periodismo gráfico a la calle, y mostraron por primera vez la turbulenta vida norturna norteamericana, con su ley seca y sus gangsters. Por primera vez, la imagen no llenaba la fotografía. El primer plano estaba correctamente expuesto, las sombras eran densas y los laterales y el fondo, que no estaban iluminados por el flash, eran prácticamente negros. Sólo lo importante aparecía, el resto simplemente no se veía. Hollywood quedó maravillada ante las posibilidades expresionistas que ofrecia esta iluminación y se lanzaron a hacer lo que se ha llamado cine negro. El comic, la fotografía de moda… todo, hasta el glamour descubrieron esta iluminación sin apenas grises.
Esos primeros flashes eran fantásticos en lo que a iluminación de retrato se refiere. Situados en un brazo al lado de la cámara y bastante separados del objetivo, producian un modelado muy atractivo en los rostros y con su reflector de gran diámetro conseguían que la transición entre la zona de luces y la de sombra no fuese demasiado abrupta.
Pero no todo era sí de bonito. No podías ser un espía de la guerra fría e ir con un flash del tamaño de una parabólica, te descubrían enseguida. Y los flashes se redujeron a esas unidades que ya se parecen mucho a los flashes que podemos comprar separados de la cámara. Y la distancia entre la pantalla y el objetivo se redujo. Y el tamaño de la fuente de luz se redujo. Y la calidad de iluminación y aquellas transiciones de sombras tan atractivas…tambien se redujeron.

Pero la historia no acaba aquí, desgraciadamente. Inventan las cámaras digitales y se encuentran que les sobra espacio dentro, porque no tienen que dejar un hueco para el carrete, y otro para la bobina de película que va pasando. Fantástico, ya tenemos sitio para las pilas y el condensador, podemos meter el flash DENTRO de la cámara!!!. Menos distancia, menor diámetro de la fuente de luz…bla, bla, bla… Además y aprovechando que la electrónica es cada vez más pequeñita, le añaden un control automático al flash de forma que el usuario pierde cualquier control del flash excepto la posibilidad de apagarlo y no siempre. Al final, hemos acabado con unas cámaras pequeñitas con un flash que dejan los fondos completamente oscuros, unas sombras negras y durísimas y unos ojos rojos. Hemos iluminado, pero hemos olvidado todo lo demás. Por cierto, por si alguien se pregunta que son los ojos rojos, es el interior del ojo. El flash está tan cerca del objetivo que la luz que entra en el ojo la podemos fotografiar. Es bien curioso que en lugar de biuscar una solución evidente para separar el flash del objetivo, se ha optado porque muchos softs incorporen rutinas para retocar esos ojos rojos.

Recapitulemos. Un foco puntual produce unas sombras sin transición. Acaba abruptamente la parte iluminada y empieza la sombra pura. Cuando el tamaño del elemento emisor de luz crece la zona de transición entre la parte iluminada y la que no se hace más amplia. Podeis probarlo situando debajo de un flexo una cartulina negra con agujeros de distinto diámetro y ver como se modifica la dureza de la luz.
En realidad, lo que acabo de escribir no es del todo exacto. Más que diámetro de la fuente de luz, debería escribir diámetro aparente. Lo que realmente manda el el ángulo que cubre la fuente de luz visto desde el objeto iluminado. El Sol es la tira de grande, pero está la tira de lejos, así que se comporta como una fuente de luz dura. Esos paraguas que usan los fotógrafos profesionales cumplen la función de ampliar el tamaño angular del foco: el Flash ilumina todo el paraguas, y el tejido blanco y difuso del paraguas se convierte en un gran emisor de luz. Por eso los retratos con paraguas consiguen esas luces tan bonitas en los retratos.

Aun podemos estirar un poco más. ¿recordamos la caja de pólvora? Esa caja tenía otra propiedad. Como no se podía apuntar hacia el modelo con ella (obvio, se vaciaba…) aunque parte de la luz sí llegaba directamente al modelo, la mayoría iluminaba el techo. ¿despilfarro? NO! El techo se convertía en un gigantesco paraguas y la luz era tan suave como en el exterior un dia nublado. Y esa parte de luz que llegaba directamente a la cara de los que posaban ayudaba a iluminar las zonas en las que se podían formar sombras, como los ojos, debajo de la nariz y el cuello. Aun hoy, esa es una de las mejores soluciones para iluminar con flash, y si nos fijamos en los periodistas que salen fotografiando ministros en el telediario veremos que llevan unos plásticos blancos en el flash. Cumple la misma función de enviar parte de la luz directamente mientras buena parte rebota en el techo.

A estas horas de rollo, seguramente alguien estará pensando como podemos solventar los problemas que se derivan de esos miniflashes que incorporan las cámaras actuales. Lo siento, no tengo recursos para eso excepto no ponerlo en marcha. Hay que ir a otras cámaras de cierta entidad para encontrar lo que antaño tenian todas: un conector para un flash exterior, con el que podemos recuperar todo el control de la iluminación. Ni siquiera es posible utilizar el flash integrado en la cámara para disparar remotamente otro flash con el que intentar ser un poco creativo. Por mor de esos automatismos que citábamos, el flash no dispara una vez, sino dos, en tan rápida sucesiónque somos incapaces de verlo, pero sí sus efectos. La luz que llega a la cámara de un primer disparo es leido por el fotómetro, analizado y con eso la cámara determina la potencia que tiene que utilizar en el segundo flashazo, que es el que ocurre cuando la cámara abre el obturador. Así que si pretendemos comandar otro flash con el que incorpora la cámara, el primer flash disparará el grande y no sólo este último no iluminará el chip, sino que además falseará la lectura para el pulso de iluminación de verdad.

No voy a poner ejemplos(*). Amiguetes y familiares con la cara plana y los ojos rojos las tenemos todos, y en el otro extremo, hay personas mucho más habiles y experimentadas que yo. Aconsejo fervientemente visitar el blog de Strobist y el grupo en Flick donde un gran grupo de aficionados a la fotografía cuelgan sus experimentos en iluminación con flash.




(*) Bueno, sí. De hecho cuando escribía esto tenía en mente una fotografía en la que estamos unos cuantos feos jugando con imágenes de Júpiter en el ordenador. Pero no soy el autor, y el autor me la ha ofrecido, muchas gracias. Esa foto, aunque no lo parezca, está iluminada con un par de flashes de esos portátiles, aprovechando todas las posibilidades del reflejo en las paredes y techo. El toque de maestro, sin embargo, está en el fantástico control de la exposición que ha conseguido no solo que la imagen esté bien iluminada, sino que además esté equilibrada con la imagen que muestra la pantalla y con el paisaje exterior que se adivina a través de la persiana. Pero esto es labor de maestros solamente...

lunes, 19 de enero de 2009

Un pequeño cursillo de fotografía (VIII)

Objetivos y puntos de vista.

Los objetivos son otra de las facilidades envenenadas. Todos queremos en nuestra mochila un supergranangular para pillar todos los Pirineos en un único disparo y un superteleobjetivo para fotografiar personajes estrafalarios a varios kilómetros de distancia, para que no nos vean… Pues no sirven para eso. Esa foto de todo el macizo de los Pirineos en el mismo fotograma se traduce en realidad en una línea de puntitos minúsculos blancos sin detalle que tenemos que explicar (cachis) “tenías que haber visto todos los Pirineos nevados!!” ¿no hubiera sido mejor individualizar y fotografiar un pico, quizás con algún otro detrás, perdido en la bruma? Tendríamos los conceptos (mensajes) de montaña, nieve, distancia, frio… o sea, todo lo que tiene el concepto Pirineos.
Peor aún si lo utilizamos para conseguir a todos nuestros amigos o amigas en ese bar minúsculo.
Vamos a ver, el tamaño aparente de los objetos disminuye de forma proporcional a la distancia que les separa de la cámara. Si fotografiamos a una persona de cerca con un angular, resulta que su nariz queda a 30 cm del objetivo y sus orejas a 45 cm. Eso quiere decir que partiendo de la nariz, todo se irá viendo proporcionalmente más pequeño, y que las orejas serán por lo menos un 25% más pequeñas. O visto desde el otro lado, se verá un narizotas. Usar un angular es una de las formas más seguras de perder amistades. Úsalo solo cuando te sientas cruel.

Pero compositivamente, ese efecto es muy interesante. Como lo que queda cerca se ve más grande, podemos utilizarlo para dar importancia al sujeto respecto al entorno, que se empequeñece. Robert Capa decía que si la foto no es buena, es que no estabas suficientemente cerca (Capa murió en Vietnam cuando le estalló una mina, todo tiene un límite).
De forma inversa el teleobjetivo, por el hecho de alejarte del modelo, permite fotografiar una persona a 2 metros, por ejemplo, y entonces esos 15cm que hay entre la punta de su nariz y sus orejas son despreciables, con lo que las proporciones se mantienen. Un teleobjetivo no demasiado exagerado es el objetivo estandar (si hay alguno estandar) para retratos.
Como una fotografía es una imagen bidimensional, la sensación de profundidad la extraemos de la escala de los objetos reconocibles que contiene la foto. A todos nos parece que la luna es inmensa cuando está sobre el horizonte, pero puedo asegurar que la Luna no se hinfla y desinfla cuando se acerca al horizonte que se ve desde nuestra posición, somos importantes, pero no tanto. Lo que ocurre es que cerca del horizonte tenemos elementos con que compararla mientras que cuando está bien arriba en el cielo está sola, rodeada de mucha nada. Podemos medir en pixels la imagen tomada en el horizonte y arriba con un teleobjetivo, que en esto sí son objetivos, y veremos que miden lo mismo. Así que como el teleobjetivo tiene esa propiedad de mostrarnos las imágenes sin apenas variación de escala, nuestro cerebro va a leer esa imagen como si los distintos elementos estuvieses amontonados. Las fotografías de calles llenas de gente, intentando dar la sensación de agobio, son típicos usos de este tipos de objetivo.
Así que aquí cabe otro concepto. Es bueno incluir en las imágenes algún objeto que de escala; en una imagen muy de cerca de un montón de arena nunca seremos de averiguar si son minúsculos granos de arena o cantos rodados de varios metros de diámetro.
Resumiendo. El zoom no lo pusieron únicamente en nuestra cámara para que no tuviésemos que acercarnos o alejarnos de nuestros amigos cuando les hacemos una foto. Es un elemento creativo que tambien tenemos a nuestro alcance.




Un angular y una vista desde arriba. La peor combinación posible para fotografiar un niño. En este caso, un recurso sensiblero para colocar en panfletos de según que ONGes. Yo estoy pensando en hacerme una foto así para pegar a mis currículums...


Tambien el uso que hagamos del objetivo añade mensaje a la imagen. Por la mitad del siglo pasado, las cámaras solian ser réflex de dos objetivos. Esas cámaras, aparte de un negativo de 6x6 cm que les confería una suavidad de tonos y una definición fantásticas, tenían la particularidad de que el punto de vista, la situación de la cámara respecto al modelo bajaba, porque estas cámaras se manejaban a la altura del pecho o de la cintura. Ese punto bajo de toma hace que los horizontes bajen respecto a los modelos y les confiere un cierto toque de dignidad añadida. Sólo hay que repasar la caja de zapatos llena de fotos familiares para descubrir esto que cuento. Luego vinieron las réflex y las telemétricas, la cámara ascendió hasta los ojos y se perdió esa magia. Es una buena práctica mantener la cámara a la altura de los ojos del modelo, aunque haya que agacharse. Si fotografías niños, o te arrodillas o esperas que crezcan.



Un angular y una vista desde abajo. El emperador chino sabía lo que se hacía... cuando el campesino acababa de recorrer la larga avenida flanqueada por altas estatuas de guerreros y demonios, seguramente ya no se acordaba de la reclamación que quería hacer, y todo su pensamiento estaba en salir zumbando.

Un angular enfocando a una persona desde arriba es una buena forma de denigrarlo. Un teleobjetivo corto enfocando desde un punto ligeramente por debajo de los ojos da empaque y prestancia, es la foto de los políticos en las campañas… Repasad todas las pinturas que los pintores se vieron obligados a hacer de reyes y mecenas y en todas descubrireis que el pintor usó ese punto de vista bajo, para añadir magnificiencia al modelo. Las estatuas ecuestres de próceres que pueblan nuestras plazas están sobre un alto pedestal no solamente para que podamos admirar los atributos del caballo de Espartero… sino para obligarnos a “mirar hacia arriba” y que cualquier señor bajito parezca importante. Lo mismo podemos aplicar a los Budas gigantescos y a las megaestatuas de Mao.
Claro, estos son ejemplos burdos e imnediatos, pero el uso inteligente de la gama de objetivos y el punto de vista es una ayuda más en nuestra búsqueda de crear imágenes impactactes.