Estos dias de invierno frio estoy aprovechando para reordenar mis piedras, a las que no me atrevo a llamar colección. No son rocas y minerales de museo: la mayoría de ellas han sido recogidas por mi o mis amigos en alguno de los viajes que he ido disfrutando en los últimos 10 años, así que lo que realmente importante de estas piedras es que son recuerdos de esos viajes, intrumentos para viajar al pasado cada vez que las toco o las veo.
Supongo que estoy sensibilizado especialmente por la sensación de crisis que nos rodea, pero muchas de mis rocas me explican ahora historias que no son agradables de oir. Hay en la estantería un berilo que compré en una tienda de Bulabayo, por ejemplo. Bulabayo es la segunda ciudad de Zimbabwe. Cuando la visité hace una década era una bonita ciudad con edificios coloniales que se mezclaban con otros de corte tan moderno como los que podríamos descubrir en cualquier capital europea. Bulabayo estaba en la ruta soñada por Cecil Rhodes, de infausta memoria, para trazar el célebre ferrocarril transafricano "Cape to Cairo" que permitiera a los europeos disponer de una via directa para expoliar los recursos de toda Africa. Afortunadamente el proyecto no se llegó a realizar, pero Bulabayo se diseñó con unas amplísimas avenidas para permitir maniobrar las yuntas de animales de carga necesarios para tan faraónico proyecto, y esas avenidas han producido una ciudad que respira de una forma muy especial.
Hace 10 años por esas calles y las de la capital Harare se afanaban personas vestidas de traje y corbata llevando sus negocios aquí y allá, hileras de disciplinados niños vestidos todos igual, con sus diminutas corbatas como si fuesen al más tradicional de los colegios ingleses, restaurantes, esas cosas que no son restaurantes de comida rápida, tiendas... El negocio del turismo iva viento en popa, con unos ressorts extraordinarios y unos reclamos como las cataratas Victoria únicos en el mundo. La moneda era estable, apenas había mercado negro y la sensación era la de un pais que esta despegando de forma imparable.
Pero entonces llegaron las elecciones. El partido en el poder debió hacer sus números para averiguar que debía hacer para perpetuarse en el poder, y requisó las posesiones de los blancos. Ya, ya se que puede sonar racista, pero no voy por ahí. Los blancos llegaron a Zimbawbe con un bagaje para los negocios que allí no exixtía, y aunque no fuese su intención, estaban sirviendo de espejo para mucha población negra. Ni más ni menos que lo que ahora se está produciendo en China o hace 20 años se produjo con la llegada de las empresas alemanas a España. Y a nadie aquí se le ocurrió confiscar las empresas regentadas por alemanes. Quizás porque hace siglos lo intentamos con los judíos y nos salió el tiro por la culata, seguramente.
El resultado es que con esa y otras medidas, unos políticos, para mantenerse en el poder, han llevado un próspero pais a la ruina más absoluta en sólo 10 años. No lo he querido decir así, un pais es un concepto, y a los conceptos no les duele nada. Un pais es un feudo donde muchas personas intentan vivir una vida decente y plácida que puede verse truncada por los intereses de poder de otros. Donde si las cosas derivan hacia peor, hay familias que pierden sus casas, niños que mueren de enfermedades que estaban casi olvidados, enfermos que no reciben más que los cuidados que pueden pagarse. Pero hay que profundizar más. Estos dramas afectan a los miembros menos favorecidos de la sociedad, pero todos perdemos. Tener que renunciar al tiempo libre para tener un segundo trabajo, no poder salir a tomar una cervecita con los amigos, no poder realizar ese viaje para el que hemos ahorrado y al que el miedo al futuro nos hace renunciar...Estos "pequeños" dramas no salen nunca en los periódicos, pero 60 millones de pequeños dramas son un dramón. Un dramón de renuncias, de desaliento, de depresión, de falta de alegría en acometer proyectos, un pequeño morir de esperanzas diarias.
Y todo esto porque alguien ha querido hacerse con más poder y más dinero del que le corresponde.
Hablando con mis piedras, les cuento que empiezo a estar harto de los políticos. Especialistas en subrayar su honradez y señalar al que no está presente como el causante de todos los males. Yo no les pediría que fueren honrados, eso me parece pedir en demasía. Me bastaría con que fuesen inteligentes. Entendiendo como político inteligente aquel que es corrupto hasta el nivel que el pais que parasita puede seguir funcionando normalmente a pesar de sus corruptelas. Pero ya se que incluso así pido demasiado, y que me van a dar con dos piedras. Al menos yo puedo escoger, que tengo muchas...
Hoy no hay foto. Vosotros mismos, tomad el primer periódico que os caiga en las manos y recortad el que os salga en portada...
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domingo, 22 de febrero de 2009
viernes, 2 de enero de 2009
Una lección de Física recreativa.
Hoy debería colgar aquí algún apunte de ese cursillo a vuelapluma que voy escribiendo. Sin embargo,caramba! estamos en fiestas, y demasiado licor y demasiados polvorones no son los mejores ayudantes para escribir algo coherente. Afortunadamente Rafa, aquel buen amigo que me chupó el protagonismo en el viaje a Finlandia (y eso que no venía) escribió una deliciosa entrada en un foro de astrofotografía acerca de una foto mia y un curiosísimo efecto. Para que esa entrada no se perdiera en las profundidades de los mensajes viejos, le pedí que me dejara publicarla y aquí está, así que Rafa, dobles gracias, por escribirlo y por librarme de escribir .
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Os voy a contar una pequeña historia sobre óptica y como se pone Murphy cuando tiene un día gracioso. Empecemos por la óptica....
Consideremos una lámina de material dieléctrico con las caras perfectamente paralelas. Cuando iluminamos dicha lámina con un haz plano de luz monocromática, ocurren cosas muy curiosas. A medida que variamos el espesor de la lámina, o bien la longitud de onda de la luz, llega un momento en que el espesor de la lámina es un múltiplo entero de la longitud de onda. Veamos lo que pasa cuando llega la luz. El la primera superficie de la lámina, parte de la luz pasa y parte se refleja. Seguimos adelante con la luz que pasa dentro de la lámina. Al llegar a la segunda superficie, se vuelve a producir el mismo fenómeno, parte de esa luz se refleja. En ese momento tenemos un haz avanzando en cada dirección dentro del mismo medio. Como el espesor de la lámina es justo un número entero de longitudes de onda, esas dos ondas se refuerzan. Si el espesor aumenta o disminuye hasta ser media longitud de onda mayor o menor, las ondas estarán desplazadas en fase de tal modo que se cancelaran.
Así, con una simple lámina de caras paralelas, acabamos de construir un interferómetro. Es el conocido como interferómetro de Fabry - Perot y el fundamento teórico de los filtros interferenciales. ¿Eso tan simple? ¿Una simple lámina de cristal es un interferómetro? Pues sí, aunque en la vida real, es muy complicado que una ventana nos genere interferencias ¿no?. Claro, en realidad un vidrio "de ventana" no tiene, ni de lejos, las caras lo suficientemente paralelas para que el efecto sea significativo.
Sin embargo, si que tenemos a nuestro alcance otros dispositivos que pueden valer como interferómetros, como por ejemplo un portaobjetos o un cubreobjetos de microscopía. O un filtro UV de esos que ponemos para proteger los objetivos fotográficos.
Un momento, estaréis pensando, yo tengo un filtro puesto en mi cámara y nunca he visto esas interferencias. También es cierto. En general nunca recibes un haz plano de luz monocromática sobre el objetivo (produciría una foto bastante aburrida... en general). Por el contrario, recibes haces más o menos esféricos. Desde el punto de vista del filtro interferencial, si consideramos un haz esférico, en el eje óptico la situación es la descrita, pero a medida que nos alejamos del eje lo que tenemos es que el espesor de la lámina aparente aumenta (la luz que llega oblicua recorre un camino dentro de la lámina superior a la que incide perpendicularmente). Esto generaría anillos concéntricos de interferencia alrededor del eje óptico. Vale, vale, pero tampoco veo eso en mis fotos. Claro, la luz que usas habitualmente NO es monocromática. Suele ser continua (o bastante aproximada si usas luz fluorescente) y por lo tanto cada longitud de onda genera anillos de diferente diámetro y se superponen unos con otros anulando ese patrón interferencial. Menos mal que en la naturaleza no tenemos fuentes de luz monocromáticas puras.
Y ahora es cuando a Murphy le sale el día gracioso. Hace unos 8 minutos, un protón abandonaba la cromosfera solar a velocidades próximas a las de la luz. Tras estos 8 minutos de vuelo, por casualidades geométricas, su vector momento lo ha llevado directamente hacia el tercero de los planetas que orbitan el Sol. Al llegar allí, de repente el protón se ha ido encontrando con un ambiente cada vez más denso, con incontables átomos y moléculas a su alrededor. Hasta que de repente, si esperárselo a aparecido frente a él una molécula de oxígeno. Lo colisión ha sido tremenda. Tan tremenda que algunos electrones han sido despedidos de sus orbitales. Pero claro, esa situación, rodeado de otros iones no es estable y los tímidos electrones han corrido raudos a ocupar sus orbitales vacantes. Pero para poder hacerlo, antes tenían que desprenderse de la energía transmitida por la colisión. Y se han desprendido de la única manera que conocen: desprendiendo un fotón. Y solo uno. Y de una única longitud de onda. Los electrones son así de simples. Solo saben hacer una cosa. Pero la hacen muy bien y de forma muy eficiente y precisa.
Varios kilómetros por debajo de esta opereta particulera, unos cuantos foreros están pasando un frío polar junto a sus cámaras de fotos. Los millones de colisiones que se producen en la capa exterior de la atmósfera generan un número suficiente de fotones como para excitar las terminaciones nerviosas de sus retinas. Esos impulsos nerviosos son interpretados por las neuronas de su cortex cerebral y unos microsegundos después se escuha:
"Oohhh, mira que bonita!"
Sin embargo uno de los foreros no ha recordado que un vidrio suficientemente plano y una luz monocromática son malos compañeros.
72 segundos después se cierra el obturador. Un segundo y medio más tarde el RAW se guarda en la tarjeta de memoria.
Cinco días después, el conversor de RAW procesa los bytes almacenados, los interpreta y muestra la imagen en la pantalla de cierto ordenador en una colina de Canyelles...
"¿Pero que cojones?".... A lo lejos se escucha la risa del fantasma de Murphy (siempre regresa a la Tierra para Halloween, para "arreglar" algún que otro disfraz)
Si señores, la aurora es una fuente natural de luz monocromática, los filtros fotográficos son unos magníficos interferómetros y aquí podéis ver el resultado obtenido por Pelu:

Pincha en la foto para verla en gordo
¿Veis los anillos concéntricos superpuestos sobre esa magnífica aurora?
Aquí hay un detalle de la zona de la rama, donde se puede ver como con luz policromática los anillos no son visibles, pero si con la luz verde de la aurora

Y aquí se acaba la historia del interferómetro, las auroras y el fantasma de Murphy.
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Aquí vuelvo a apostillar yo. Mi filtro UV es de los más baratos. Tan barato que muchos poseedores de equipos fotográficos cambian de acera cuando me ven con esos filtros montados en mis objetivos. Tan baratos que una vez, en un bautizo, el cura me echó de la Iglesia. Sin embargo, mire usted por donde, la calidad de las superficies del filtro y el paralelismo de las dos caras está del orden de la longitud de onda de la luz, que se mide en nanómetros. Así que si en algún momento alguien se pregunta como narices me permito de vez en cuando los viajes que enseño en la galería, que me imagine con una 350D, objetivos plastic y filtros de todo a 100...
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Os voy a contar una pequeña historia sobre óptica y como se pone Murphy cuando tiene un día gracioso. Empecemos por la óptica....
Consideremos una lámina de material dieléctrico con las caras perfectamente paralelas. Cuando iluminamos dicha lámina con un haz plano de luz monocromática, ocurren cosas muy curiosas. A medida que variamos el espesor de la lámina, o bien la longitud de onda de la luz, llega un momento en que el espesor de la lámina es un múltiplo entero de la longitud de onda. Veamos lo que pasa cuando llega la luz. El la primera superficie de la lámina, parte de la luz pasa y parte se refleja. Seguimos adelante con la luz que pasa dentro de la lámina. Al llegar a la segunda superficie, se vuelve a producir el mismo fenómeno, parte de esa luz se refleja. En ese momento tenemos un haz avanzando en cada dirección dentro del mismo medio. Como el espesor de la lámina es justo un número entero de longitudes de onda, esas dos ondas se refuerzan. Si el espesor aumenta o disminuye hasta ser media longitud de onda mayor o menor, las ondas estarán desplazadas en fase de tal modo que se cancelaran.
Así, con una simple lámina de caras paralelas, acabamos de construir un interferómetro. Es el conocido como interferómetro de Fabry - Perot y el fundamento teórico de los filtros interferenciales. ¿Eso tan simple? ¿Una simple lámina de cristal es un interferómetro? Pues sí, aunque en la vida real, es muy complicado que una ventana nos genere interferencias ¿no?. Claro, en realidad un vidrio "de ventana" no tiene, ni de lejos, las caras lo suficientemente paralelas para que el efecto sea significativo.
Sin embargo, si que tenemos a nuestro alcance otros dispositivos que pueden valer como interferómetros, como por ejemplo un portaobjetos o un cubreobjetos de microscopía. O un filtro UV de esos que ponemos para proteger los objetivos fotográficos.
Un momento, estaréis pensando, yo tengo un filtro puesto en mi cámara y nunca he visto esas interferencias. También es cierto. En general nunca recibes un haz plano de luz monocromática sobre el objetivo (produciría una foto bastante aburrida... en general). Por el contrario, recibes haces más o menos esféricos. Desde el punto de vista del filtro interferencial, si consideramos un haz esférico, en el eje óptico la situación es la descrita, pero a medida que nos alejamos del eje lo que tenemos es que el espesor de la lámina aparente aumenta (la luz que llega oblicua recorre un camino dentro de la lámina superior a la que incide perpendicularmente). Esto generaría anillos concéntricos de interferencia alrededor del eje óptico. Vale, vale, pero tampoco veo eso en mis fotos. Claro, la luz que usas habitualmente NO es monocromática. Suele ser continua (o bastante aproximada si usas luz fluorescente) y por lo tanto cada longitud de onda genera anillos de diferente diámetro y se superponen unos con otros anulando ese patrón interferencial. Menos mal que en la naturaleza no tenemos fuentes de luz monocromáticas puras.
Y ahora es cuando a Murphy le sale el día gracioso. Hace unos 8 minutos, un protón abandonaba la cromosfera solar a velocidades próximas a las de la luz. Tras estos 8 minutos de vuelo, por casualidades geométricas, su vector momento lo ha llevado directamente hacia el tercero de los planetas que orbitan el Sol. Al llegar allí, de repente el protón se ha ido encontrando con un ambiente cada vez más denso, con incontables átomos y moléculas a su alrededor. Hasta que de repente, si esperárselo a aparecido frente a él una molécula de oxígeno. Lo colisión ha sido tremenda. Tan tremenda que algunos electrones han sido despedidos de sus orbitales. Pero claro, esa situación, rodeado de otros iones no es estable y los tímidos electrones han corrido raudos a ocupar sus orbitales vacantes. Pero para poder hacerlo, antes tenían que desprenderse de la energía transmitida por la colisión. Y se han desprendido de la única manera que conocen: desprendiendo un fotón. Y solo uno. Y de una única longitud de onda. Los electrones son así de simples. Solo saben hacer una cosa. Pero la hacen muy bien y de forma muy eficiente y precisa.
Varios kilómetros por debajo de esta opereta particulera, unos cuantos foreros están pasando un frío polar junto a sus cámaras de fotos. Los millones de colisiones que se producen en la capa exterior de la atmósfera generan un número suficiente de fotones como para excitar las terminaciones nerviosas de sus retinas. Esos impulsos nerviosos son interpretados por las neuronas de su cortex cerebral y unos microsegundos después se escuha:
"Oohhh, mira que bonita!"
Sin embargo uno de los foreros no ha recordado que un vidrio suficientemente plano y una luz monocromática son malos compañeros.
72 segundos después se cierra el obturador. Un segundo y medio más tarde el RAW se guarda en la tarjeta de memoria.
Cinco días después, el conversor de RAW procesa los bytes almacenados, los interpreta y muestra la imagen en la pantalla de cierto ordenador en una colina de Canyelles...
"¿Pero que cojones?".... A lo lejos se escucha la risa del fantasma de Murphy (siempre regresa a la Tierra para Halloween, para "arreglar" algún que otro disfraz)
Si señores, la aurora es una fuente natural de luz monocromática, los filtros fotográficos son unos magníficos interferómetros y aquí podéis ver el resultado obtenido por Pelu:
Pincha en la foto para verla en gordo
¿Veis los anillos concéntricos superpuestos sobre esa magnífica aurora?
Aquí hay un detalle de la zona de la rama, donde se puede ver como con luz policromática los anillos no son visibles, pero si con la luz verde de la aurora
Y aquí se acaba la historia del interferómetro, las auroras y el fantasma de Murphy.
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Aquí vuelvo a apostillar yo. Mi filtro UV es de los más baratos. Tan barato que muchos poseedores de equipos fotográficos cambian de acera cuando me ven con esos filtros montados en mis objetivos. Tan baratos que una vez, en un bautizo, el cura me echó de la Iglesia. Sin embargo, mire usted por donde, la calidad de las superficies del filtro y el paralelismo de las dos caras está del orden de la longitud de onda de la luz, que se mide en nanómetros. Así que si en algún momento alguien se pregunta como narices me permito de vez en cuando los viajes que enseño en la galería, que me imagine con una 350D, objetivos plastic y filtros de todo a 100...
domingo, 9 de noviembre de 2008
15 segundos de gloria
Hace muchos, demasiados años, cuando era un crío, yo pasaba todos los veranos en un pequeño pueblo de los Monegros donde mi padre, aragonés emigrado retornaba una y otra vez al encuentro de los suyos.
Era aquel un pueblo de los de película costumbrista, con su cura, su maestro y su aferro a las tradiciones de dance y jotas. Y como no puede faltar en ningún pueblo, con el venerable sabio con el que pasé tardes y tardes mientras me enseñaba su colección de minerales, sus microscopios de bronce y al que no agradeceré nunca lo suficiente el dejarme cada verano un magnífico telescopio refractor de 60x900 con el que inicié una afición que aun me atrapa.
En esa costumbre tan nuestra de poner apodo a todo el mundo, a mi padre en un esfuerzo de imaginación le llamaban "el maño" y a mi, y no voy a entrar en los motivos ahora, me llamaban y me siguen llamando "pelu". Lo curioso es que si aquí en nuestro entorno lo de "maño" tenia una justificación, en aquel pueblecito de Aragón evidentemente no, pero seguía siendo mi padre "el maño" y yo fuí durante muchos años simplemente "el hijo del maño".
Al paso de los veranos, yo me fuí haciendo con un grupito de amigos de correrías (más o menos sanas) y mis neuras como fotógrafo y astrónomo aficionado fueron haciéndose un hueco en el lento pasar de los días de caluroso verano en aquel pueblecito monegrino.
Y un día, al presentar mi padre a uno de mis colegas, este preguntó:
- Ah! ¿así que usted es el padre del pelu?
Y en mi malísima memoria, recuerdo que la cara de mi padre cambió. En un momento descubrió que yo le había robado el protagonismo y que se habían invertido los papeles. El tiempo pasó y supongo que lo olvidó como se olvidan afortunadamente todos los pequeños fracasos que coleccionamos en nuestras vidas. Pero no se porqué, ese cambio de cara y esas fracciones de segundo se me grabaron en mi coco de chaval, supongo ahora porque lo que para él fue una decepción fue para mí un éxito.
De eso han pasado más de 30 años.
Hace pocas semanas, entre mi pareja y yo (más ella) conseguimos organizar un viaje relámpago bastante más arriba del Círculo Polar Artico con la intención de fotografiar Auroras Boreales. A los compañeros habituales con los que viajamos se añadieron otros amigos procedentes de los foros de astronomía que frecuento y resultó que además de la astronomía compartíamos afición en la fotografía, así que los traslados en la furgoneta y las larguísimas tardes (a las 4 de la tarde ya era noche cerrada) entre vodka y vodka se convirtieron en un improvisado intercambio de ideas y posiciones acerca de fotografía.
Y en un momento determinado alguien habló de flashes y comentó que quien sabía un huevo de esto era el gurú ese de Strobist en español, Rafa. Divertido, comenté que Rafa era colega mío y que quizás el origen de esa exitosa página es el detalle que tuvo Rafa de irme traduciendo los textos que publicaba David Hobby y que mi ruinoso inglés no era capaz de entender.
Y en un flash :-) me vino a la cabeza mi padre. Yo había dejado de ser pelu, el que había montado el viaje, para ser "el amigo de Rafa". Y estoy seguro de que aunque nadie lo notara, se me puso la misma cara que a mi padre más de treinta años atrás.
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