domingo, 24 de mayo de 2009

Una de piratas

Hace unos dias, volviendo del trabajo al que tengo que acudir todos los dias para poder continuar pagando mis facturas, escuchaba en la radio a un viejo rockero defendiendo su derecho a seguir viviendo de unas canciones que escribió hace veinte años. No lo entiendo. Independiente de que hay algunos autores que pretenden hacerlo por unos temas que deberían estar tipificados como delito contra la salud pública, yo no solicité que compusieras esas canciones. Cuando entras en la casa que te lograste comprar con los beneficios obtenidos guitarra al hombro y delante de público, ni el que construyó tu casa ni el que fabricó el llavín que te permite la entrada cobran por el uso que haces de ello. Ya lo hicieron en su momento.
Hace 5 siglos “España descubrió América”. Y se la llevó, con la misma legitimidad que un chorizo encuentra un coche en la calle y se lo lleva, pero no es este el tema ahora. Unos listillos vieron que los Reyes españoles se estaban forrando a base de las riquezas que se traían de allí, y echaron sus barcos al agua y se dedicaron a la piratería. Y entonces la corona de la Pérfida Albión pensó que también quería un trozo del pastel, se puso en contacto con unos cuantos piratas, los hizo funcionarios y los puso a trabajar por un fijo+incentivos, robando para ellos.


En paises del tercer mundo, es fácil encontrarte que en medio de una carretera perdida (o del desierto!!!) cualquiera consigue un arma y te cobra lo que le apetece por cruzar por donde ayer ni siquiera era público, no tenía dueño.


Ahora estoy escribiendo este texto en un ordenador por el cual te tuve que pagar un diezmo. La imagen que lo ilustra está hecha con una cámara por la que te tuve que pagar una mordida, y quedó registrada en una tarjeta de memoria de cuyo precio te quedaste un porcentaje. Y ahora la guardo en un disco duro externo de cuya venta te llevaste un impuesto especial. No lo entiendo, pero para ser justos, si yo te pago por tu obra, tu debieras pagarme por la mia, ¿no? Al fin y al cabo, si miramos las horas invertidas, seguramente hay fotos ahí en mi galería, en el enlace de la columna de al lado, que me han costado más horas de tratamiento que a ti componer una canción.

Así que te rogaría que seas recíproco, y que me envíes un email dándome datos para que yo pueda cobrarte por el disfrute visual de mi obra.

Y de paso, porfa, colega, enrróllate, tio, explícame otra vez lo de los piratas, tio, que el otro dia me pillaste con el coco espeso y nomenteré demasiao, tio...

miércoles, 13 de mayo de 2009

Cebollas y margaritas

Podría contar que en este Sant Jordi me han regalado un profundo ensayo sobre cánticos neardenthales basados en el estudio morfológico de los restos encontrados en el Sudeste polaco, pero mentiría. Mi pareja, que me conoce mucho, me ha regalado un delicioso librito de Mortadelo y Filemón. Tal y como están las cosas, tampoco es malo cualquier cosa capaz de arrancar unas risas.
Una vez devorado, lo he vuelto a releer con tranquilidad, y he examinado con detenimiento la portada.



Los cuernos se entrelazan con las letras. Pero es que el casco está coronado con un WC y uno de los remaches está sustituido por un dial. Caramba, un dedo enseña el hueso. Las modernas pulseras de goma han sido sustituidas por una lagartija. El piercing de la nariz sostiene un chupete y de su cuello cuelga una bolsa con un móvil. Nuestro vikingo lleva un boli en el pantalón y su puñal es apto para el lavavajillas. Aprovechando que el calzado se le ha salido, una rata que habita dentro sale a respirar. Y Rompetechos saluda al respetable después de clavarle unas banderillas de los colores de la bandera andaluza mientras la firma del autor, que va por libre, celebra la faena agitando el pañuelo.

Todo eso no estaba ahí cuando Ibañez tomó el lápiz, era un papel blanco. Cada uno de los detalles que aparecen en esa imagen son fruto de el trabajo consciente de su autor.

Pensemos también en un escritor de novelas. Yo no sé escribir, otra de mis carencias, pero por lo que he oído no hay ningún personaje, por marginal que sea, que se cuele en un relato que no haya sido "invitado" por su autor.

La creación de una obra puede enfrentarse como un trabajo por capas. Volviendo al símil de la novela, en una primera capa estaría casi el resumen. A conoce a B, se fugan y se casan. Punto. Hay novelas románticas de baratillo que sólo sobrepasan levemente este nivel...
Añadamos otra capa. "A" y "B" ya tienen nombre y domicilio, viven en determinada ciudad y se fugan a un pueblo de montaña. En la siguiente capa, tienen una vida anterior al inicio de la novela y un entorno familiar. En otra capa salen los amigos. La siguiente capa nos describe el clima del pueblo de montaña. La próxima nos cuenta de los lugareños y como los acogen. En la posterior salen los problemas vecinales de los habitantes del pueblecito y como se implican "A" y"B"... Y así tanto como las ganas, la imaginación y la habilidad del autor le permitan. Todas esas capas, combinadas, contribuyen a dar riqueza y credibilidad al relato. Hay partes de la historia que seguramente al lector se le escapan, o al menos eso le parece, pero producen una visión lateral que enriquece el texto.

En una película, todos los personales que aparecen en pantalla son actores, incluso ese camarero que cruza fugazmente con una bandeja de canapés o el chico en bicicleta que adelanta el protagonista. Todas las capas de desarrollo de la historia son las que la enriquecen. Si nos vemos unos spaguetti-western de bajo presupuesto veremos que apenas se quedan con la capa background. La comparamos con "el jinete pálido" o "Blade Runner", que no deja de ser un western exportado y apreciaremos la riqueza de matices añadidos a una historia cuyo resumen puede ser similar. Es curioso constatar como conforme más fast food, más serie Z se convierte una imagen o una película, más se parece la capa única. En estos momentos se me ocurren como ejemplos las tarjetas de felicitación de cumpleaños y las pelis porno, cada una en su campo y por poner ejemplos extremos.

¿Qué es lo que determina las capas que tendrá una imagen? Evidentemente la habilidad del autor por crear historias paralelas, pero también la habilidad del lector para ser capaz de descubrirlas. Saber a quien se dirige el mensaje indica al creador la complejidad que debe tener la creación. Cuando se habla de literatura infantil, juvenil, de música “de ascensor”, de ensayo...realmente se está categorizando la complejidad de lectura de cada obra. Un niño no va a entender a Kafka (me temo que yo tampoco...) y un adulto con un mínimo cultural se va aburrir con un cuento infantil. Y lo realmente maravilloso es crear un cuento infantil en el que un adulto, al releerlo muchos años después, sea capaz de encontrar matices nuevos que le complementen la historia y hagan de lo que está leyendo una experiencia nueva. Se me ocurre ahora como ejemplo “El Principito”.

Una imagen cuenta una historia. Ya lo he escrito otras veces. Es fantástico examinar una fotografía de algún maestro e ir descubriendo como alrededor del motivo central, evidente, hay multitud de pequeños detalles que complementan el mensaje original, y como consiguen que esa lectura más profunda se realice poco a poco, en un acto de comprensión en el que entra en acción la complicidad de la inteligencia del lector. Una de las claves para que una historia quede residente como patrimonio de nuestro bagaje cultural es que el autor consiga hacer cómplice a nuestro cerebro, que se implique y que se maraville de descubrir cosas que parecen escondidas a partir de pistas que el autor, con toda intención deja diseminadas por la imagen.
Como esto suena raro, un ejemplo básico. Las novelas de misterio. Atrapan porque el lector se convierte en parte activa, en detective de la historia. Nadie compraría una novela de misterio que se llamara “El asesino es el mayordomo” si el asesino es el mayordomo...

Así que resumiendo, la creación de una buena obra pasa por una creación consciente del mensaje, por un arropado a base de capas de cebolla y acaba por el deshojado de esas capas por parte del lector hasta llegar al mensaje principal. Invito al lector al juego de tomar un libro de fotografias y examinarlas como un detective examina unas pruebas y descrubrir esos matices que hasta entonces habían pasado desapercibidos.

---

Lo terrorífico es que estamos inmersos en un ambiente de consumo de mensajes monocapa. Por un lado el concepto de democracia cultural y por el de verdad el de que una sociedad como la nuestra necesita sustentarse en el gran consumo propician que los mensajes que se elaboran sean lo más sencillitos posible para que lleguen a todo el mundo. El mensaje reducido al axioma (o al artículo de fe) ayuda a no solo que nos vendan productos cuyas capacidades están por encima de nuestras necesidades sino a que reaccionemos como un banco de sardinas a cualquier estímulo que nos llegue desde fuera, y esto facilita la vida a los políticos... Pero parece que me estoy yendo por las ramas.

domingo, 3 de mayo de 2009

La misantropía necesaria

Hoy me han invitado a un buffet libre.

En alguna peli de espias he visto que cuando te torturan, lo mejor es concentrar toda tu mente en algo que te haga no ser consciente de estar donde estás. Así que mentalmente me he dedicado a evadirme escribiendo esta entrada para el blog.

Por si has tenido la suerte de no ir nunca a un buffet libre, te pongo en antecedentes. Suele ser un local grande, con pasillos mínimos entre las mesas, donde por un precio fijo te puedes comer todo lo que te quepa. Eso propicia que la avaricia estomacal (si la comida es decente se llama gula, creo) haga que los comensales se lancen por oleadas a comerse todo lo que ponen en las bandejas, aunque sea de una calidad que examinado serenamente no se lo darías al perro. Es la versión primermundista de esas imágenes de los campos de refugiados cuando alguna ONG distribuye comida desde la caja de un camión, pero sin la necesidad que en el tercer mundo lo propicia. En ese clima de bacanal anárquica, los crios corren entre las mesas y golpean durante horas las copas con el tenedor, mientras gordos en camiseta imperio y gordas con pantalones de talle bajo enseñando la goma del tanga llenan una y otra vez el plato. A la hora del segundo (o quinto plato) todo el mundo grita y rie y pide otra cerveza o renueva los chupitos de baisleis.

Todos tenemos un área privada. Es un espacio intangible alrededor nuestro que es nuestra campana de protección. Cuando alguien penetra dentro de ese volumen es como si violara alguna intimidad y nos hace sentir muy violentos. A veces, cuando estamos con una persona querida, ese espacio se reduce a la nada, y cuando estamos en situaciones que nos desagradan se expande. El mio en el buffet debía medir varios kilómetros. Si una parte importante de la comida es el ambiente, el placer de saborear, hacer que el tiempo se detenga en cada nuevo matiz de sabor, los buffets libres son a la restauración lo que un taller de planchistería a la música sinfónica.







Estas dos fotos son consecuencia de esos paseos tras un largo trayecto. Salir sin rumbo fijo, sin una foto prediseñada en la mente y dejar que éstas te sorprendan a la vuelta de cualquier camino es uno de los procesos más íntimos que proporciona la fotografía


Cuando viajo comparto con otros viajeros el mismo vehículo, y se que debo renunciar durante horas diariamente a mantener ese espacio de privacidad alrededor. Afortunadamente acostumbran a formar parte de la gente a la que quiero, y no me cuesta sacrificar ese palmo alrededor mio. Pero de vez en cuando, y me cuido mucho de avisarlo, necesito sacar a mi ego a que se estire y bostece. Y entonces cojo mi cámara, y me voy unas horas en compañía de mi mismo a dejar que el paisaje se explique y que las luces me cuenten historias. Lo hacen en voz muy bajita, y necesito estar sólo para que ningún ruido ajeno me impida entender lo que dicen, pues no acostumbran a decirlo dos veces. Vas caminando con todos tus sensores relajadamente abiertos y de los rincones vas oyendo: "Pss!! Mírame!" y entonces es cuando vas descubriendo la magia de una iluminación entre unas nubes, los sueños de descubrimiento de una embarcación varada al atardecer, la mirada desenfocada de unas ventanas o la vieja máquina cansada y abandonada. Y en esos momentos cuando surgen mis mejores tomas. Lo otro, lo de ir a mogollón a fotografiar el monumento que toca, y la luz es la que había, que pena, y dentro de una hora será mejor, pero nos tenemos que ir, no es más que el buffet libre de la fotografía. Con la diferencia que el dolor de tripas que te provoca perder manjares fotográficos no se cura con ningún bicarbonato.

viernes, 24 de abril de 2009

Esto no es lo que parece

He leido hace unos dias un divertido cuentecito sobre Photoshop. Juntando eso con un follón en un foro acerca del caracter acientífico del tratamiento con ese programa, y algún comentario que siempre recibo cuando enseño las fotos de vacaciones ("claro, es que tu las modificas con el ordenador". Como si procesarlas fuese una verguenza que hay que sufrir en silencio!!) me ha dado pie para rumiar un poco sobre el tema aprovechando las casi dos horas diarias que desperdicio cada dia conduciendo para llegar al puesto de trabajo donde desperdicio el resto del dia.

La evolución de uso de Photoshop es realmente curiosa. Empiezas por pasar tus primeras imágenes digitales al ordenador, maravillándote de tener la posibilidad de manipular algo que hasta hace cuatro dias era coto cerrado de la tienda de fotos de la esquina. Con ciertas prevenciones, como si tocases algo prohibido, estiras un poco el histograma, aclaras al amiguete que ha quedado a contraluz. A la semana estás clonando todo lo que te parece que sobra, cambiando el color de las cosas, poniendo unas nubes imposibles y quitando años y michelines a la pareja. Hasta que en un raro momento de lucidez decides que hay que poner coto a tanto libertinaje y te autoimpones un código ético. En mi caso, no modificar más allá de lo posible una imagen. Es decir: Esa señora gorda vestida de fucsia me destroza la foto de la placita medieval. Como es muy posible que hace media hora no estuviese ahí, pues la clono sin problemas como si la foto la hubiese hecho media hora antes. Las gruas, los carteles, las torres de alta tensión están ahí y ahí llevan mucho tiempo formando parte del paisaje, y ahí se quedan, en la realidad y en la imagen. Muchas veces no hay una frontera tan meridiana, pero lo sobrellevo. Sigo aplicando lo de "no dejes que la realidad te estropee una buena foto" pero con moderación.

PS tiene otro enfoque bastante menos polémico y es luchar contra las limitaciones del medio digital. La latitud de exposición de una imagen digital respecto a un negativo analógico es bastante más reducida. Más allá de lo que recomendaban los libros, bajo la ampliadora podías hacer sub y sobreexposiciones salvajes que rescataban detalles en unos niveles de iluminación de la escena realmente alejados. Y lo que era mejor, una vez la imagen en papel, el ruido que entonces se llamaba grano era muy similar en toda la foto, sin importar si correspondia a la zona bien expuesta o a otra terriblemente sobreexpuesta. El digital es más puñetitas. Lo que ves, si has expuesto correctamente, se ve la mar de bien. Si te acercas a las altas luces. ahí puedes encontrar cosas y con trabajo rescatarlas, pero es fácil tener elementos "fritos". Pero si te arrimas a las zonas oscuras ahí aparecen todos los defectos habidos y por haber. Pero no sólo eso: Si la imagen que podemos ver en la realidad tiene una latitud (cuantas veces es más brillante la zona en la que podemos ver detalles respecto a la zona más oscura en la que podemos ver detalles) inmensa. La cámara puede captar sólo una parte de esa gama, así que aunque estamos viendo a simple vista detalles en brillos y sombras, la cámara captará una parte importante de esos extremos como saturados, es decir, sin detalle. Pero es que la pantalla del ordenador o peor aun el papel aun son capaces de mostrar menos gama. Si queremos que la imagen recupere algo de lo que somos capaces de ver a ojo desnudo tenemos que recurrir a procesados. Es decir, en este proceso, el revelado no hace trampa sino que nos ayuda a que la imagen final recuerde al original.

De hecho a la vuelta de mis vacaciones, una de mis prisas es revelar las fotografías suficientes para dejarlas con el aspecto que recuerdo aun de la realidad. Con el tiempo, los recuerdos se difuminan y sólo me quedan esas fotos como recuerdo de los lugares que recorrí y sobre todo de las sensaciones que recibí, con todas las dificultades que tiene representar en una imagen un sentimiento, una emoción, una temperatura o un olor.



En la foto que acompaña esto, me llamó la atención la gran máquina abandonada en medio de la nada, cubierta con colores que el sol y el tiempo han convertido en un camuflaje perfecto en el entorno desértico. Caía la tarde y las luces tambien armonizaban con el entorno como si hubiese un enorme filtro cálido sobre la zona. El horizonte estaba teñido con los tonos sucios característicos del desierto en el que la brisa permanentemente mantiene en suspensión el fino polvo.Unos niños jugando alrededor y mientras comprobaba encuadre y enfoque uno de ellos cruzó por detrás y lo ví a través de un hueco. El mito de Jonás... Al vaciar la tarjeta en el ordenador, la imagen conseguida distaba bastante de lo que me motivó a disparar la foto. Los colores eran desvaidos y el cielo era blanco. No era esa mi foto, desde luego. El tratamiento me ha ayudado a reordenar contrastes y tonos. No puedo afirmar que el paisaje original se parezca más más a una u otra imagen, pero sí que, en mi subjetividad, la segunda imagen se acerca mucho más a mis recuerdos. Y no pretendo más que eso, reflejar lo que me hizo presionar el disparador.



Dejadme ser malo: Sospecho que muchas de las críticas que recibe el tratamiento de una imagen provienen de camareros. Nada que decir del amigo que me trae la cerveza y la tapa de olivas, el camarero es el que tiene una cámara y la usa. El fotógrafo es el que hace fotografías y las utiliza como un idioma. Y aprender un idioma es lento y difícil, y algunos jamás logramos hablarlo bien. Así que siempre considera que la mejor defensa es un buen ataque y no entiende que comprar la misma marca de pinceles que utilizaba Dalí no nos garantiza en absoluto sus mismos resultados. Y no quiere o no puede dedicar las mismas horas que dedicó Dalí a aprender a pintar, con la incertidumbre de que despues de todo el esfuerzo igual no consigue resultados aceptables. Así que... ¡prohibamos los pinceles!!!

Mientras conduzco hacia el currelo voy escuchando la radio. Me van contando noticias. Y hasta en mis cortas entendederas me doy cuenta que no me están contando las noticias como son, sino como quieren que yo las vea. Incluso sospecho que hay noticias que no existen, que son desde el momento en que suenan en el altavoz. Y pienso que el Gran Hermano tiene un manejo fastuoso de su programa de tratamiento, y que cambia el filtro a través del que me deja ver el paisaje a su antojo y beneficio. Y no me siento nada culpable de borrar alguna arruguita de las cosas y de las caras que estimo.

sábado, 21 de marzo de 2009

Contamina, que algo queda.

Ahora me quedado estupefacto. Me ha llegado al correo la convocatoria de WWF "la hora del planeta" en el que se involucrará a gobiernos, ciudadanos y empresas a apagar las luces durante una hora como gesto simbólico de apoyo a la lucha contra el cambio climático.

Yo creía que cuando se hacía una manifestación multitudinaria, esta funcionaba en base a que una parte de la ciudadanía intentaba demostrar a otra parte de la ciudadanía que otra posible solución a un problema determinado podía existir. O simplemente para demostrar que no se está de acuerdo con ciertas iniciativas y apoyarlo por número. Pero si salimos todos: ciudadanos, empresas y gobiernos... ¿a quien reclamamos? ¿estamos pidiendo que vengan los extraterrestres a salvar el planeta como en las pelis clásicas de ciencia ficción? ¿Sacamos el planeta en romería para que una aparición mariana acabe con la sequía?.

Cuando yo era un criajo y empezaba con mi hobbie astronómico, desde nuestro primer club de aficionados en el centro de la ciudad donde vivía podíamos ver la Via Láctea. Ahora, siendo un emigrado astronómico al pueblo vecino, el resplandor que desprende mi ex-ciudad me impide verla. Ya, el progreso... Pero la reflexión debería ir hacia que la sobreiluminación (producir la electricidad que consume la iluminación produce CO2, aunque sea lejos, y nos parezca que ojos que no ven, pueblecito que no se me contamina), la deslocalización empresarial que ocasiona una barbaridad de desplazamientos para ir a trabajar y la generación de paraísos residenciales contamina, contamina y contamina. Y sobreexplota los recursos acuíferos, y ello nos hará desalar agua del mar, pero algo tendremos que hacer con el excedente de sal, y podemos seguir ad eternum... Las leyes de la termodinámica, si algo tienen, es que son inflexibles.


Un edificio sin ningún interés arquitectónico, iluminado a mayor gloria de su ególatra propietario. Seguro que hay paises que no consumen tantos recursos como los que se malgastan iluminando esta moderna pirámide.


Seamos honestos: No hay ninguna perversa raza alienígena que esté plantando bombillas, coches y campos de golf en la Tierra con el malévolo plan de dominar el mundo. Ese personajillo que va a salir por la tele en el acto simbólico de apagar la luz de un edificio tiene bastante que ver con el momento en el que estamos. Es el mismo al que la crisis sólo le afecta en que quizás la suma de sus cuentas bancarias estos años duros no se va a ver incrementada como esperaba. Ese es el que en una página de Excel calcula en estos momentos cuanto debe incrementar la factura del recibo de electricidad para que esa simbólica parada no le suponga merma de beneficios. Y no me valen ya las historias del self made man que me explicaban cuando pequeño, de que el triunfo es para los que se arriesgan y los listos: Este planeta nuestro es finito, en recursos y en necesidades. Si la población mundial demanda 1000 millones de camisetas al año vendidas a 1€, o podemos tener 10,000 personas fabricando camisetas y todos ganarán 100,000€ al año y todos podrán comer, o 9,999 personas muriéndose de hambre y un listo que fabrica 1000 millones de camisetas y que tendrá el detalle de apagar sus luces durante una hora. O cambiamos esto, o las luces se apagarán por si solas.

Yo estoy más que harto de los dias de... . Hoy es el dia del Planeta, y mañana ya podemos continuar contaminándolo. Hoy es el dia de la Mujer y mañana ya podemos volver tranquilamente a nuestra violencia de género. O jugamos todos, todos los dias, o rompemos la baraja. Pero siempre habrá quien piense que aunque se rompa su baraja puede jugar con la mia, y conseguirá adecuarse a Kyoto a costa de comprar su cuota de contaminación a paises que mantienen sumergidos en el tercer mundo. En esos paises la mayoría de la población también se sumará a la campaña... gran parte de sus habitantes no tienen luz eléctrica. Alguien se lo apuntará como éxito de participación.

Y es que al final, para el Martillo, todos somos clavos. Pero al menos, que a mi no me esperen en un acto al lado de todos los Martillos del mundo.

viernes, 20 de marzo de 2009

Un acercamiento al macro.

Llevo unos dias jugando a tomar imágenes macro. Leyendo por aquí y allá en la red parece claro que las compactas torean bien en estos ruedos, dada la barbaridad de profundidad de campo que les confiere un chip pequeñito y un objetivo de focal muy cortito. Así que he pillado como modelo a alguna de las piedras (no me atrevo a llamarla colección de minerales) que tengo apiladas en una habitación y me he puesto a probar a ver que sale.

Tengo dos compactas, una Canon y una Vivitar que conseguí de ofertón. En realidad tengo una Fuji además, pero está olvidada en un cajón sin estrenar porque salió con un defecto de fabricación reconocido por el SAT pero se negaron a hacerse cargo (Sr. Fuji, me he quedado con tu cara!!) Pero vaya, que me pierdo...Volvamos a la Canon y la Vivitar. ¿que les han dado a los diseñadores de las cámaras? Tanto les cuesta ser coherentes? Puestas en la posición de macro, las dos dan un acercamiento la mar de majo... Pero...la Vivitar se niega a disparar el flash en posición de macro. A cambio conserva el zoom, con lo que tienes un acercamiento realmente bueno. La Canon sí que dispara flash, pero el zoom.. ¿para qué?. A ver si alguien me presta una G10. Igual con una cámara más cara los diseñadores no se han tomado la molestia de desconectar posibilidades. Ahora tengo dos cámaras, con la mitad de las prestaciones que desearía cada una...

Así, que las he probado por separado. Me he apañado una lupa en un canutito de cartón para ponerlo encajado en el objetivo, y conseguir más aumento. Funciona. Funciona un montón de bien. Pero cuidadín, eso tiene un gran peligro. Si queda encajado en el objetivo y este se retrae por quedarse sin pilas o por su tiempo de desconexión, pueden cascar los miniengranajes o el minimotor que maneja el objetivo. Así que el inventillo de quita y pon.



De momento como la iluminación no está acabada de resolver, monto la Vivitar en un trípode, sobre un carril que me permite moverla acercándola y alejándola al objeto que quiero fotografiar. Como iluminación, con un foco de lectura de 6€ e apaño. Cosa curiosa lo de la iluminación en macro. Una bombilla como la que utilizo en un uso normal se comportaría como un foco de luz bastante dura, pero en macro, la superficie de emisión de luz es una burrada de veces más grande que el objeto a fotografiar, así que realmente una bombilla opal se comporta como un gran paraguas difusor. y eso es una gaita porque a escala pequeña, para definir los objetos empieza a tener más importancia la forma que el color, y para definir la forma es necesario tener sombras. Para más inri, las distancias porcentuales desde el foco a las distintas partes de la imagen, y la distancia entre las partes iluminadas y las partes en sombra hacen que haya muy poca variación de intensidad luminosa, y que los reflejos rellenen las sombras.

Ya me estoy quejando... No, salen cosas enseguida, solo son cosas que voy encontrando sobre la marcha. Cosas tan frustrantemente divertidas como que fotografiar fluorita es casi imposible en cuanto te pones en modo macro: la transparencia que presentan los cristales casi iguala la luz que reflejan las facetas de los cristales. Así que sus formas desaparecen en cuanto lo intentas... Bueno, es un incentivo para continuar intentándolo. Pero salen, claro que salen. El cristalito biterminado de cuarzo de la foto lo descubrí en la roca haciendo precisamente las pruebas con estas cámaras, y mide apenas 3mm. Y bien majo se ve...

martes, 3 de marzo de 2009

Ambiente, ambiente

Una amiga y compañera de viajes me ha enviado esta foto. De hecho ella es una de las "culpables" de que haya atropellado en este blog algunas ideas acerca de la fotografía. Y fotografías como estas son las que empujan a continuar escribiendo, aunque a veces el tiempo desaparezca y las entradas se espacien.

Antes de nada indiquemos que está hecha con una camarita compacta de esas cuya mejor virtud fotográfica es que caben en el bolsillo de la blusa, y que su color hace juego con el de la blusa.

Otro detalle que no podemos obviar es que esa es su habitación. Ahí donde llega por la noche cansada y bostezando y de donde se levanta zombie y ciega hasta que se lava la cara con un buen café. Lo que quiero decir es que en la habitación propia podríamos tener un muerto y no nos daríamos cuenta hasta que alguien lo moviera de sitio. Pasamos por los sitios que nos son habituales sin procesarlos en absoluto. Una de las claves de que alguna de mis fotos de viajes se dejen mirar es que son de viajes, y muestran lugares y personajes que nos son extraños. Eso llama nuestra atención. Si intento hacer la misma foto en mi entorno, no vale nada. Una de mis frases favoritas, no se si ya la he escrito, es que para nosotros un niño negro lleno de mocos es una perfecta síntesis de la infancia en el tercer mundo. Un niño blanco con mocos es que tiene un padre que es un marrano... Supongo que vistas esas fotos por un negro, el significado se invertirá.

Y a pesar de camarita de cartón y legañas, es una foto que ronda la perfección. Una imagen dividida por una diagonal virtual que separa luces y sombras. Unas luces tamizadas y unas líneas que conducen a una tumbona que invita al reposo y la lectura. Unas piezas de cama indolentemente cruzadas en la esquina. Ningún gran centro de interés que frene nuestra mirada, que se pasea flotando por la habitación como una polilla, sin detenerse demasiado en ninguna parte, que nos lleva a descubrir las suaves líneas orgánicas de la sombra de la tumbona y las molduras de la pared. Las tablas del suelo, añadiendo profundidad, por líneas y por tono. Y el tono sepia, que aquí no es sinónimo de antiguo sino de calor primaveral. Un tono sepia tomado como opción directamente en la cámara, sin haber pasado por Photoshop. En resumen, esa es la foto del ambiente que nos gustaría que respirara en nuestras habitaciones. una imagen con una poderosa fuerza icónica.

En fín, no se si se nota que la foto me encanta. Y la quería poner de ejemplo de lo que una mirada escrutadora puede descubrir en su entorno más inmediato.